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¡Qué vueltas da la vida!

Juan José Colorado Aguirre

Martes, 07 Agosto 2012

Uno de los periodos de la historia de México menos conocido, es el comprendido entre la consumación de la Independencia y la caída del primer imperio mexicano.
A este respecto la pregunta indispensable es: ¿cómo logró Agustín de Iturbide poner fin a los enfrentamientos entre los realistas y los insurgentes propiciando la consumación de la Independencia?
Para contestar a la pregunta, debemos adentrarnos a los principales acontecimientos de la Nueva España en 1820 y su inestable situación económica y política.
• La célebre conspiración de “La Profesa”, que tenía por objeto separar al virreinato de España para impedir en México la aplicación de las medidas antifueristas de la Constitución de Cádiz recientemente establecida.
• El 9 de marzo de 1820 se decretó la abolición del Tribunal del Santo Oficio, es decir de la Santa Inquisición.
• Con la desaparición del Santo Oficio, el Virrey Apodaca restableció la aplicación de la Constitución de Cádiz
• Le encomienda el Virreinato a Iturbide acabar con las actividades de rebelión de Vicente Guerrero.
Como se puede observar, estos acontecimientos fueron relevantes y tuvieron consecuencias directas con el movimiento separatista de las Colonias Españolas.
El historiador Jaime E. Rodríguez señala el regreso de Fernando VII a Madrid en Mayo de 1814, como el punto más importante entre los movimientos por la autonomía de las Colonias Españolas, y el triunfo final de los separatistas. Argumenta que la disolución de las Cortes, la anulación de la Constitución de 1812 y el arresto y juicio de los principales diputados liberales, americanos y europeos terminó con el experimento para transformar la monarquía española en un sistema representativo.
Con el regreso del Rey, los Virreyes restauraron su poder en la Nueva España, y con ellos, las prácticas gubernamentales absolutistas. En la Nueva España, no reinaba la tranquilidad, pues las autoridades realistas ya habían fusilado a Hidalgo, Allende, Abasolo, Morelos y Matamoros; no había ejército insurgente en pie de lucha y los comandantes militares realistas, dominaban las provincias, a pesar de que existían guerrillas que asolaban causando daños a las propiedades, cortando o interrumpiendo las rutas del comercio, mientras que el gobierno continuaba agobiado en aprietos financieros.
En 1820, el gobierno virreinal encargó al coronel Agustín de Iturbide, hombre formado en la contrainsurgencia de 1810, poner fin a las actividades de Vicente Guerrero, que dominaba desde Cuernavaca al Pacífico, misión de la que pronto se percató que sería tarea imposible de cumplir.
Iturbide mantenía contacto con los conspiradores del clero que se oponían a la política del nuevo gobierno liberal metropolitano.
El 24 de febrero de 1821, Iturbide llegó a un acuerdo con Vicente Guerrero, que se plasmó en El Plan de Iguala. En él se abordaba el establecimiento en México de un gobierno separado de España, pero de corte monárquico.
Iturbide construyó un bloque de fuerzas que le permitió derrocar al gobierno virreinal y entrar a la capital mexicana en 1821, proclamando una regencia con el apoyo incondicional del clero, que se había opuesto a la insurgencia encabezada por los clérigos, Hidalgo y Morelos, mientras tanto el gobierno liberal en Madrid había enviado a la Nueva España, al General Juan O’Donojú, con el título de Jefe Político Superior, Gobernador y Capitán General, con el propósito de sostener la unión de las dos Españas. Los Tratados de Córdoba, celebrados entre Iturbide y O’Donojú, reconocieron la soberanía del gobierno independiente de México, pero todavía bajo la protección de la Monarquía Española.
Durante el segundo periodo constitucional de 1820 a 1823, la España Imperial, aún con los liberales de nuevo en el poder, no fueron capaces de preservar la unidad de la monarquía española, los liberales españoles persistieron en sostener el unitarismo de la Constitución de 1812.
El 13 de febrero de 1822, las cortes rechazaron el unitarismo y declararon nulos Los Tratados de Córdoba.
De ese fracaso resultó triunfante el separatismo de las colonias americanas de España y Portugal.
Sin embargo, qué fue lo que sucedió en los hechos, porqué el 28 de abril de 1824, el segundo Congreso Constituyente dictó un decreto que en la parte que nos interesa dice: “Se declara traidor a D. Agustín De Iturbide, siempre que se presente, bajo cualquier título en algún punto del territorio Mexicano. En este caso, queda declarado por el mismo hecho, enemigo del Estado”.
Iturbide había abdicado el 19 de Marzo de 1823 y se fue al exilio a la ciudad de Liorna en Italia, humillado y desposeído de todo poder.
Iturbide tuvo conocimiento de los decretos que se dictaron en su contra por las cortes constituyentes, sobre la nulidad de su coronación en primer término, de su abdicación y de la insubsistencia de El Plan de Iguala y de Los Tratados de Córdoba.
Además, quedaría proscrito como traidor, en cualquier caso, todo a aquel que ensalzara a Iturbide o que lo reconociera como emperador.
Los redactores de tales decretos fueron ni más ni menos, que los diputados que fueron encarcelados por Iturbide el 31 de octubre de 1822, cuando éste disolvió el Congreso, lo que le acarreó las consecuencias funestas que ahora comentamos.
¿Qué pasó con Iturbide, aquel poderoso primer Jefe del ejercito Trigarante, al frente de 16 mil soldados que se elevó a regente, luego emperador, generalísimo y alteza serenísima? Veamos. Los gastos para la coronación de Iturbide fueron por la cantidad de 2 millones 400 mil pesos, para confeccionar los trajes imperiales, para lo cual se utilizaron los servicios de una modista francesa, que tuvo a la vista estampas correspondientes a la coronación de Napoleón, imitando en lo posible los atuendos de Bonaparte y su esposa. Para fabricar las coronas tuvieron que pedir joyas prestadas que devolvieron al término del fastuoso evento.
Ataviados como pavorreales llegaron los emperadores a la catedral, Iturbide fue coronado por el presidente del Congreso y su esposa, Ana María, por el propio Iturbide. En la ceremonia se siguió el protocolo ritual del pontificio romano.
La Corte Imperial se integró por la aristocracia local, principalmente hacendados y mineros cuyos títulos habían sido comprados, los nombres de la Corte tenían toda la cursilería de nuestras reinas del carnaval, había mayordomo mayor, mayordomo de semana, caballerizo mayor, capitán de guardia, limosnero mayor, capellán mayor, gentilhombres de cámara, pajes, etc., entre semejantes desfiguros aparecieron el Conde de Regla, el Marqués de Aguayo, príncipes, princesas y otros especímenes.
El principio del fin de Iturbide fue tratar de restablecer la Santa Inquisición para tener el poder absoluto y disolver el congreso, primero encarcelando 27 diputados y saqueando el erario público, un exorbitante gasto de oropel, con un pésimo gobierno, que encabezó durante escasos 10 meses, cuyos aspectos administrativos y financieros fueron un desastre.
Iturbide tenía 41 años cuando fue fusilado en Padilla, Tamaulipas. Sus restos permanecieron ahí, 14 años, hasta 1838 cuando fueron trasladados a la Capilla de San Felipe de Jesús, en la Capital Metropolitana.
Para concluir: ¿se puede equiparar a Iturbide con Hidalgo o con Morelos?
Desde luego que no. Iturbide tenía un desprecio manifiesto por los insurgentes pues no nombró a ninguno de ellos en los órganos de gobierno tanto del Plan de Iguala como de los Tratados de Córdoba.
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