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Geografía electoral 2012

Luis de la Calle

Viernes, 06 Julio 2012

Los resultados de 2012 son distintos por el alcance nacional del PRI que le permitió ganar en el norte, centro y sur.
La jornada electoral de este 1º de julio fue ejemplar por organización ciudadana, la alta participación, la cobertura en todo el país y la tranquilidad que se respiró.
Sin duda, las elecciones no fueron perfectas y es necesario todavía reformar para mejorarlas. Y no fueron mejores por la renuencia de la clase política a imprimirles un mayor sello ciudadano. Mucho se ganaría si hubiera segunda vuelta, reelección de presidentes municipales y legisladores para el sufragio efectivo y la rendición de cuentas y si se erradicara el dispendio de los partidos políticos para influir en el voto.
Además de los controles sobre gasto público y financiamiento de campañas y la supervisión del Instituto Federal Electoral, la mejor manera de evitar la tentación del dispendio es invertir en educación cívica para que el ciudadano participe en las elecciones con su voto (entre más participación, menor voto corporativo) y rechace y castigue el voto clientelar. Mucho tendrán que hacer el IFE al respecto para futuras elecciones y los medios para denunciar el dispendio.
Enrique Peña Nieto ganó esta elección al más que duplicar el número de votos obtenidos por el candidato del PRI en 2006: de 8.3 a 18.7 millones. Los mayores incrementos porcentuales los obtuvo en Baja California Sur (281 por ciento), en Tlaxcala (212), Distrito Federal (210), Estado de México y Michoacán (195) y Zacatecas (189). En términos absolutos, las mayores ganancias fueron en Estado de México (1,933,217), Distrito Federal (843,030), Jalisco (666,380), Guanajuato (575,778) y Chiapas (569,613).
El PAN de Josefina Vázquez Mota sufrió una caída de 11 por ciento del voto de 14.0 a 12.5 millones. En términos porcentuales las pérdidas más significativas fueron en Distrito Federal (-35 por ciento), Chihuahua (-34), Morelos y Tlaxcala (-29), Estado de México y Michoacán (-28) y Zacatecas (-24). En términos absolutos perdió votos en Estado de México (-477,290), Distrito Federal (-446,191), Jalisco (-290,338), Guanajuato (-155,499) y Michoacán (-131,874). A pesar de esta tendencia, tuvo ganancias muy importantes en Tabasco (144 por ciento), Chiapas (71), Baja California Sur (32), Veracruz (29) y Tamaulipas (25).
Andrés Manuel López Obrador incrementó su voto en 14 por ciento al pasar de 13.6 a 15.5 millones. El avance porcentual más importante lo obtuvo en Baja California (77 por ciento), Quintana Roo (62), Nuevo León (60), Yucatán (59), Tabasco (56) y Chihuahua (53). En términos absolutos avanzó en Puebla (243,184), Tabasco (225,022), Jalisco (223,742), Guerrero (211,312), Baja California (163,039), Nuevo León (162,445) y Chiapas (158,767). A pesar de esta tendencia, tuvo un retroceso en Baja California Sur (-11 por ciento), Tamaulipas (-8), Distrito Federal y Zacatecas (-7), Michoacán (-4) y estado de México (-3).
por su lado, la tasa de abstención pasó de 41 a 37 por ciento en todo el país. La caída más notable en la abstención se dio en Chiapas donde pasó de 51 a 33 por ciento, en Guerrero donde pasó de 53 a 40 por ciento y en Yucatán de 33 a 23 por ciento. En todos los estados hubo una mayor participación. Los estados con mayor abstencionismo fueron Chihuahua y Michoacán (47 por ciento), Baja California (46), Quintana Roo y Sonora (42) y Baja California Sur (41).
Aunque la elección de 2006 fue muy pareja en el promedio nacional, en términos estatales no lo fue. Felipe Calderón ganó en los estados de Bajío y el norte, mientras que López Obrador en la zona conurbada de la ciudad de México y el sur; ambos con amplios márgenes.
Los resultados de 2012 son distintos por el alcance nacional del PRI que le permitió ganar en el norte, centro y sur. En el norte y Bajío el PRI y el PRD le restaron votos al PAN (con excepción de Nuevo León y Tamaulipas donde al PRI no le fue bien), mientras que en la zona conurbada de la ciudad de México y el sur el PRI le quitó votos al PRD, particularmente en Guerrero, Chiapas y Michoacán.
Esto quiere decir que aunque López Obrador haya obtenido un porcentaje similar de votos en ambas elecciones, la distribución regional no fue la misma. La caída en la votación que obtuvo en el Distrito Federal y el estado de México y el mayor crecimiento del PRI en Guerrero y Chiapas implica ahora una mayor dispersión regional. Por otro lado, López Obrador logró compensar esta caída, pero de manera insuficiente para ganar, con ganancias en estados en los que aumentó su participación y donde antes había obtenido muchos menos votos: Baja California, Chihuahua, Jalisco, Nuevo León. El reto para él y el PRD reside en el hecho de que este incremento en el voto no es duro y por lo tanto volátil.
Parece que el PRI no va alcanzar mayoría en la Cámara de Diputados y en el Senado. Esto implica la construcción de coaliciones para legislar las reformas prometidas en campaña. Los tres principales partidos van a tener que tomar una decisión estratégica sobre su participación en el proceso de reformas.
El PRI y Peña Nieto estarán bajo una gran presión de mostrar su capacidad de ejecución y de presentar al nuevo partido capaz de llevar a cabo reformas modernizadoras a las que se oponen importantes grupos de interés. Puede optar por aliarse con Nueva Alianza, PAN o PRD. El contenido de las reformas podría ser muy distinto dependiendo de la alianza que se forje en el terreno de electoral, energía, fiscal, laboral y educativo.
El PAN tendrá que decidir si participa en la elaboración y aprobación de reformas importantes para el país, o si prefiere un papel defensivo. El PRD puede optar por aislarse oponiéndose a cualquier reforma o participar en algunas de ellas.
Las perspectivas negativas de la economía internacional y la debilidad estructural de las finanzas públicas de México requieren de una fuerte dosis de reformas para apuntalar la competitividad y asegurar la continuación de la estabilidad macroeconómica.
Si se pensaba que eran necesarias algunas reformas, el tamaño del reto de la economía mundial y el crecimiento de pensiones públicas implican un mayor esfuerzo. La ventana de oportunidad para hacerlas no estará abierta mucho tiempo.
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