‘Los héroes no se tocan’

La historia de la Independencia de México está llena de hazañas, hombres y mujeres valientes y caudillos que liberaron al país de la opresión, pero también y a conveniencia, los políticos toman banderas míticas como si representaran los logros

Fredy Ruiz /El Mundo de Orizaba
México  13 de septiembre,  2009

¿Qué vieron los visitantes españoles cuando llegaron a estas tierras para conquistarlas? ¿Qué había aquí? La naturaleza, el embriagante paisaje que convivía con los hombres fue dibujado, quizás de manera ideal, pero no por ello menos precisa, por Don Alfonso Reyes en Visión de Anáhuac: “En mitad de la laguna salada se asienta la metrópoli, como una inmensa flor de piedra”. Luego esos hombres fueron sometidos y se consolidó el poderío extranjero, pero luego también, se oyeron voces de independencia, que fueron el nacimiento de la Nación Mexicana tal y como se conoce ahora. La celebración por este acontecimiento alcanza distintos matices, todos ellos generalmente llenos de exaltaciones de libertad y patriotismo.

La historia también está llena de mitos o algunas corrupciones de los relatos que con distintas intenciones nos ocultarían la verdad. “Esto se puede dar o se ha dado con respecto a prácticamente todas las etapas de la historia de México, aunque se acentúa con respecto a los momentos que podemos considerar “decisivos” (independencia, reforma, revolución)”, considera Roberto Breña, profesor- investigador del Centro de Estudios Internacionales de El Colegio de México. Pero ésta no es una característica exclusiva de los mexicanos afirma Pamela Romero Pereyra, historiadora de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM): “La historia ha sido reinterpretada y recortada en muchas ocasiones.

Aquí, lo hacían los mexicas con sus conquistas y lo hicieron los españoles con el mito fundacional de Moctezuma cediendo el trono al rey de España”. Lo importante, en todo caso, estima Roberto Breña, es ser muy críticos con las tergiversaciones que ya existen e intentar hacer historia lo más rigurosa posible, para no seguir profundizando o incrementando las “corrupciones” ya existentes.

La pregunta es por qué el interés de acomodar los hechos a un relato conveniente. La historiadora Pamela Romero pone como ejemplo que “desde Don Porfirio hasta los gobiernos priístas el imaginario político se empeñó en resaltar la obra de los caudillos para crear una idea de empatía con el caudillo del día en el gobierno. Así la historia de México, esa que se enseña en las escuelas y que forma una identidad nacional y de pertenencia, es la de los héroes. Esos personajes cuyas acciones casi de santos son atemporales”.

Agrega: “Esta visión cursi y anacrónica de interpretar la historia y difundirla crea un grave problema: somos un país con un pasado heroico lleno de hazañas de caudillos muy valientes y llenos de ideales en un presente donde nunca pasa nada y nunca pasa en buena parte porque los héroes no se tocan, la historia no se cuestiona y tenemos la idea que nosotros, simples mortales, jamás alcanzaremos a nuestros héroes, que son únicos e irrepetibles”.

La independencia y su significado

Lo que logró la independencia de 1821, puntualiza Roberto Breña –también autor del libro El primer liberalismo español y los procesos de emancipación de América, 1808-1824–, es la independencia política (de México), “que es el primer paso para cualquier otro tipo de independencia, sobre todo cultural y económica.”

“México no se volvió independiente cuando el Padre Hidalgo llamó al pueblo con un estandarte de la Virgen en la mano un día de septiembre de 1810. La independencia fue un largo y doloroso proceso que sólo se consolidó cuando terminó el segundo Imperio y quedó claro en el exterior que ningún país podía intervenir y destrozar la soberanía mexicana”, sostiene Pamela Romero -que realizó la tesis profesional con el título de La Preciosa Sangre de Cristo una devoción, un imaginario y función social 1736- 1859-, y que también afirma: “Este país no es independiente y lo es cada vez menos”.

Lo decía Octavio Paz “... una vez consumada la Independencia las clases dirigentes se consolidan como las herederas del viejo orden español. Rompen con España pero se muestran incapaces de crear una sociedad moderna.” Y calculaba Paz, luego de más de cien años del movimiento libertador (ya casi ahora bicentenario), que el realizar “de una vez por todas la Independencia” era “transformar nuestros países en sociedades realmente modernas y no en meras fachadas para demagogos y turistas”. ¿Un México realmente moderno?

“El proceso de construcción de un país ‘moderno’ es interminable. La Reforma y la Revolución contribuyeron sin duda a hacer moderno a México, de la misma manera que también lo hizo, en el plano económico, el porfiriato”, analiza el investigador Roberto Breña. Y todo lo realizado hasta allí no parece haber sido suficiente. ¿Qué se dejó de hacer en cada una de esas revueltas de independencia, en esos gritos de libertad? Pamela Romero responde:

“Me parece que el hubiera no existe, tal vez si los gobernantes hubieran sido menos caudillos y más estadistas, tal vez, si el concepto de soberanía no se hubiera abaratado por unos cuantos miles de dólares para construir petroleras, trasnacionales y hasta plantas de biocombustible colombianas, las cosas serían diferentes. Pero el problema se antoja mucho más profundo. La independencia para miles de mexicanos no significó gran cosa, tampoco la revolución porque siguieron trabajando de sol a sol en condiciones infrahumanas, tal vez sería conveniente buscar el significado de la independencia en el futuro llevándola a los rincones del país donde no la conocen”. Estar con México no se basta en contemplar el acta de su nacimiento y gritar “vivas” al son de las campanas.


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