Lectura del Santo Evangelio según San Juan 1:32-34

En aquel tiempo, Juan el bautista vio a Jesús y dio este testimonio: “Vi al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y posarse sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: ‘Aquel sobre quien veas que baja y se posa el Espíritu Santo, ése es el que ha de bautizar con el Espíritu Santo‘. Pues bien, yo lo vi y doy testimonio de que éste es el Hijo de Dios”.

Palabra del Señor.


Cuantas personas conoces que viven la vida sin un sentido, sin deseos de progresar material y espiritualmente, sin fuerzas para luchar por su matrimonio y su familia, sin más horizonte que el pasado, sumidos en depresiones o en vicios, explotados en su dignidad por su pareja, con la necesidad de recurrir a alguna droga o al ruido por no poder saciar su miseria interior aunque exteriormente cuenten con los recursos para sobrevivir.

Muchos hermanos nuestros, cercanos a ti y sin embargo desconocidos, viven sin Espíritu, es decir, sin éste aliento de Dios que da Vida; es la Vida divina la que necesitamos los hombres para no vivir como los animales sin ninguna proyección, se requiere el poder del Espíritu que infunda Vida y fuerza a la existencia de todos los drogadictos, alcohólicos, adúlteros, ladrones, corruptos, asesinos, vividores, etc.

De ahí la urgencia de que todos los que hemos visto el poder del Mesías, lo hagamos presente en nuestro mundo actual. Sólo Jesús es quien puede dar el Espíritu Santo que requieren los hombres de nuestra generación.

La solución de la vida del hombre no está en amuletos, ni brujerías, ni en fugarse de la realidad con el placer o el vicio, sino en recibir el Espíritu Santo que nos viene dado por Jesucristo en su Palabra y en sus Sacramentos; Espíritu que reconstruirá nuestra vida, sanará las heridas que nuestros pecados y los de otros que nos hayan lastimado.

Este Espíritu renueva el corazón del hombre, Espíritu que nos entrega este niño débil que nos ha nacido: Jesús.



Germán Alpuche San Miguel

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