Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 10:17-22


En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: “Cuídense de la gente, porque los llevarán a los tribunales, los azotarán en las sinagogas, los llevarán ante gobernadores y reyes por mi causa; así darán testimonio de mí ante ellos y ante los paganos. Pero, cuando los enjuicien, no se preocupen por lo que van a decir o por la forma de decirlo, porque en ese momento se les inspirará lo que han de decir. Pues no serán ustedes los que hablen, sino el Espíritu de su Padre el que hablará por ustedes. El hermano entregará a su hermano a la muerte, y el padre a su hijo; los hijos se levantarán contra sus padres y los matarán; todos los odiarán a ustedes por mi causa, pero el que persevere hasta el fin, se salvará”.

Palabra del Señor.

Comentario de Luis Germán Alpuche San Miguel, del Oratorio de San Felipe Neri.

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Pudiera parecer absurdo que en este tiempo se nos entregue este evangelio que habla de persecuciones, es más en este día la Iglesia recuerda a su primer mártir San Esteban. Aunque en un primer momento pareciera no tener conexión navidad y martirio, en realidad no es así, la Iglesia en este tiempo de Navidad celebra también los frutos de la encarnación del Hijo del Dios en la humanidad, uno de ellos tal vez de los más profundos es el martirio.

Aquellos que han experimentado el amor de Dios en sus vidas, que han visto el poder de Dios para rescatarlos de la tristeza y la frustración, saben que la vida y la felicidad vienen de Dios, que entregarle la vida es poco y ahí está su gozo: vivir para Dios.

Para San Esteban dar la vida anunciando dónde está su esperanza es motivo de paz y alegría, signo de la misión de los cristianos: dar la vida cotidianamente para gloria de Dios.

Aquellos en los que ha nacido Cristo son creaturas nuevas, capaces de entregar su vida y la de su familia al servicio y glorificación de Dios para que el mundo se encuentre con el amor y el perdón. Esto se ve reflejado en las madres cristianas que no se cierran en el egoísmo a la vida y continúan dando hijos a Dios y a la Iglesia, a pesar de las presiones de médicos y familiares, con su vida proclaman que Dios es vida y bendición.



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