En nuestras acciones podemos limitarnos a buscar nuestro propio beneficio, como casi todos, o aspirar al bienestar de los demás y así comenzar a tener consciencia de la unión existente entre las almas. Pero también tenemos la posibilidad de practicar acciones aún más desinteresadas, de hacer el bien sin elegir personas ni realizaciones. Son esas acciones las que nos llevan a contactar el mundo espiritual y a comunicarnos interiormente con él.

Para que podamos percibir qué hacer de útil e importante para el bien general, dejemos de lado las actividades superfluas en nuestra vida. Y, si nuestra intención es pura, seremos inspirados en el discernimiento y en las decisiones, y nada nos faltará para cumplir la tarea que nos corresponde. De este modo, las acciones que llevamos a cabo estarán incluidas en un amplio Plan Evolutivo.

Si observamos bien, veremos que en todo momento somos convidados a esas acciones abarcadoras. Podemos adherir a ellas o denegarlas por egoísmo. Tenemos que estar atentos para no desperdiciar energía en actitudes individualistas, pues cada uno de nosotros es necesario e incluso podrá ser imprescindible en esta fase de transformaciones que se vive hoy en todo el mundo.

Debemos trascender miedos, culpas, resentimientos, actitudes posesivas, competitividad y deseo de sensaciones. Son tendencias ampliamente diseminadas en la faz de la Tierra y permanecen a nuestro alrededor, siempre listas para dominarnos. Pero tengamos presente que serán introducidas leyes superiores y sagradas en la vida de esta humanidad, leyes que desde ya podemos descubrir. Si entramos en sintonía con ellas anticiparemos una nueva etapa, la cual emergerá después de la desarmonía general que hoy prevalece.

Quien con toda sinceridad de su ser está decidido a colaborar en pro de la victoria de esas leyes, en sí mismo y en su ámbito de influencia, ve cómo cambian las cosas en su vida. Reconoce un poder bienhechor que lo protege y le da condiciones propicias para aprovechar integralmente sus energías. Todo favorece su consagración a ese propósito. Ve que las preocupaciones por el futuro se disuelven y hace en cada momento, con perfecta serenidad, lo que cree que es lo mejor. No se altera con el aparente caos que lo circunda. En el silencio de su corazón, sabe y confía en la luz del mundo que está por venir.

“Tu Mundo es como tu eres” obsérvate y compruébalo, y cuando lo aceptes,... busca el cambio.




Tere Gómez


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