Parte I


Profesionales de la salud mental aseguran que cuando una persona no aprende a conducir sus emociones, especialmente las nocivas, puede caer en el desequilibrio emocional con innumerables consecuencias para la vida interior, la salud física, mental y social

Las emociones humanas son el elemento básico de la afectividad, son el motor que moviliza al hombre, a quien le otorga características propias. Las ciencias de la conducta la definen como cualquier movimiento o agitación de la mente, en relación con el sentimiento y la pasión.

Las emociones conmueven y mueven a la persona, las emociones son universales pero se manifiestan de un modo único e irrepetible en cada ser humano, lo cual estará dado por el carácter, el temperamento, la personalidad, la cultura, como así también por el contexto en que se desenvuelvan.

Emociones positivas, emociones negativas

El plano de las emociones es el nivel más elemental de la dimensión emocional-afectiva.

Está vinculado al par contradictorio: agrado-desagrado; estimulando la acción positiva si es agradable, e inhibiéndola o facilitando el alejamiento o la respuesta agresiva negativa, si es de desagrado.

Emociones positivas: alegría, amabilidad, asombro, compasión, confianza, deleite, dicha, embelezo, entusiasmo, felicidad, gratificación, satisfacción.

Emociones negativas: abatimiento, aborrecimiento, acritud, aflicción, animosidad, ansiedad, aprensión, aversión, cólera, congoja, culpa, desden, desesperación, desprecio, disgusto, dolor, engreimiento, envidia, exasperación, extravagancia, fastidio, furia, hostilidad, humillación, indignación, irritabilidad, menosprecio, miedo, mortificación, nerviosismo, orgullo, pena, pesar, pesimismo, remordimiento, resentimiento.

¿Cómo trabajar las emociones?

Es fundamental que las personas aprendan a conducir sus emociones, especialmente las negativas, cuando este trabajo no se realiza se puede caer en el desequilibrio emocional con innumerables consecuencias para la vida interior, la salud física, emocional, mental y social.

Los Nueve pasos para su transformación

1- Primer paso: reconocerlas poniéndoles nombre propio; alfabetizarlas.

Para comenzar a trabajar con las emociones el primer paso es reconocerlas, debemos desarrollar la habilidad de observar y comprender qué ocurre en nuestro interior, lo cual no es una tarea sencilla, ya que desde pequeños nos educaron a esconder aquello que sentimos.

Es primordial alfabetizar las emociones, el enojo, la ira, los celos, la tristeza, el miedo, la culpa, el resentimiento, la envidia; lo cual, es un viaje de exploración, que implica una trama interna compleja, en la cual puede haber confusión, más aún, cuando hay mucho dolor.


TERE GÓMEZ

« UNA MEJOR MANERA DE VIVIR»


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