Ciudad del Vaticano.- El Papa Francisco advirtió hoy contra el abuso de internet y otros medios de comunicación en los monasterios de clausura, en un documento que busca revitalizar la vida contemplativa en el mundo.

Con un texto de 38 páginas, Francisco ordenó una revisión a fondo de las normas que rigen la vida cotidiana de las monjas de clausura, que actualmente suman unas 44 mil reunidas en unos cuatro mil monasterios.

La constitución apostólica, titulada “Vultum Dei quaerere” (La búsqueda del rostro de Dios), incluye una serie de indicaciones y recomendaciones para los institutos religiosos contemplativos, entre los cuales destaca la autorización para realizar análisis de los monasterios con pocas integrantes para su eventual cierre.

“No es fácil que este mundo, por lo menos aquella amplia parte del mismo que obedece a lógicas de poder, de economía y de consumo, entienda vuestra especial vocación y vuestra misión escondida, y sin embargo la necesita inmensamente”, reconoció el pontífice.

Más adelante instó a revitalizar la vida religiosa de clausura, “sin tomar en cuenta los números” y evitando las “diversas tentaciones” que deben afrontar como el llamado “demonio meridiano” que desemboca en la apatía, en la rutina, en la desmotivación, en la desidia paralizadora.

Además llamó a usar los medios de comunicación en los monasterios con “prudente discernimiento”, especialmente el internet, para que no provoquen la distracción y la evasión de la vida fraterna en comunidad, ni “sean nocivos para vuestra vocación o se conviertan en obstáculo para vuestra vida enteramente dedicada a la contemplación”.

Las animó a que las comunidades religiosas sean ejemplo y testimonio de una verdadera comunión fraterna, en una sociedad marcada por divisiones y desigualdades, para mostrar a todos que “es posible y bello vivir juntos, a pesar de las diferencias generacionales, de formación y, a veces, culturales”.

Las puso en guardia de caer “en la enfermedad de la autoreferencialidad”, de convertir la propia autonomía en independencia o aislamiento, de que el trabajo apague “el espíritu de contemplación”.

“El silencio es vacío de sí para dejar espacio a la acogida; en el ruido interior no es posible recibir nada ni a nadie. Vuestra vida integralmente contemplativa requiere tiempo y capacidad de guardar silencio para poder escuchar a Dios y el clamor de la humanidad”, señaló.

Pidió que las monjas de clausura sean ejemplo de sobriedad, desprendimiento de las cosas, entrega de sí en la obediencia y transparencia en las relaciones.

En cuanto a la supervivencia de los monasterios, el documento adelantó que las autoridades eclesiásticas deberán estudiar si los mismos cuentan con un mínimo de hermanas, la capacidad real de gobierno, la posibilidad de subsistencia y una conveniente estructura del edificio monástico.

Un estudio de estos criterios, “en su globalidad y en una visión de conjunto”, tendrá como fin “actuar un proceso de acompañamiento para revitalizar el monasterio”, o “para encaminarlo hacia el cierre”.

“Para las comunidades dedicadas a la contemplación, que el fruto del trabajo no sea sólo para asegurar un sustento digno, sino que también y en la medida de lo posible tenga como fin socorrer las necesidades de los pobres y de los monasterios necesitados”, apuntó.

Notimex