Ciudad de México.- La primera vez que Tito Vasconcelos se descubrió poderosa fue a mediados de los años 70, una noche en que se calzó unos tacones, portó una peluca y salió a robarse la entrega de los Premios de la Asociación de Críticos y Cronistas de Teatro.

El texto era de Luis Reyes de la Maza; la dirección, de José Antonio Alcaraz, y él, como nuevo, era la diva francesa Sarah Bernhardt.

"El impacto fue extraordinario", recuerda. "Fue un momento de epifanía en donde me pregunté: '¿Qué fue lo que pasó?', porque tenía a toda mi comunidad teatral aplaudiéndome de pie en un personaje femenino".

Vasconcelos había sacado lustre a varios roles masculinos, pero esa noche fue distinta.

"Encontré una veta de mi propio talento interpretativo, porque la parte femenina mía es una parte muy poderosa y es muy seductora también, y decidí aprovecharlo", declara.

En el año que marca su aniversario 50 sobre las tablas, 66 de vida, este decano del teatro-cabaret mexicano no se permite falsas modestias: "La mayoría de los cabareteros han pasado por mis clases, mis talleres, y eso me hace sentir muy honrado".

El 27 de marzo, el Instituto Internacional de Teatro de la UNESCO le otorgará la Medalla Mi vida en el Teatro en el lugar donde comenzó todo, a los 16 años, en un debut con entremeses cervantinos: el Teatro del Bosque, hoy Julio Castillo.

Pisar el escenario, sentirse aplaudido, fue una experiencia tan poderosa para un muchacho con problemas en la escuela que decidió quedarse ahí por siempre.

"Empecé la escuela antes de cumplir los cinco años, por lo que siempre fui el más chiquitito", cuenta. "Como me llamo Tito, todo era 'Véngase m'ijo-Tito'. Siempre fui muy delicado, una pequeña mariposa desde mi primera infancia. Entonces me jodieron mucho la vida".

Sentado en una cafetería de la Zona Rosa, a unos pasos de Youkali Cabaret, local que administra desde hace un año, el actor no oculta la nostalgia que le provocan esas mismas calles, décadas atrás.

"Los finales de los 70 fueron una época extraordinaria para mí porque comencé a trabajar como asistente de José Antonio Alcaraz, que yo había conocido a finales de los 60 aquí en Zona Rosa junto con Monsiváis, José Ramón Enríquez, Francisco Marín, Javier Ruiloba y Jaime García Granados, toda una serie de personajes que eran parte de la fauna", rememora.

Y llegó pronto el cabaret.

"El teatro cabaret, entendí muy pronto, es un teatro autogestivo, de autor, un teatro de emergencia que tiene que hacerse justo en el momento en el que tienes la necesidad de decir algo y no te puedes sentar a esperar a que un dramaturgo buenamente diga: '¿Qué quieres decir'?", explica.

Travestido o no, ha participado en obras hoy icónicas, como Misterio bufo, en 1978, debut en español de Darío Fo, y el primer montaje del teatro mexicano abiertamente gay, en 1980, Y sin embargo se mueven....

En sus numerosos montajes, cercanos a la lucha por los derechos LGBTTTI, la sexualidad es tema recurrente.

"Siempre hablo mucho de sexualidad porque, como parte de una minoría, aunque dicen que somos un chingo, he necesitado hablar yo", declara.

Este mes celebra su aniversario con el primer acto de burlesque que ha acometido en su vida, como parte la obra Divina despierta, de José Ramón Enríquez, que se presenta en el Teatro Benito Juárez hasta este fin de semana. Ahí, Vasconcelos porta una peluca, se calza unos tacones y sale a coquetearle al público, como noche tras noche durante los últimos 50 años.

ASÍ LO DIJO

"El teatro cabaret, entendí muy pronto, es un teatro autogestivo, de autor, un teatro de emergencia que tiene que hacerse justo en el momento en el que tienes la necesidad de decir algo".

Tito Vasconcelos, actor.

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