Su estampa es de hombre Renacentista: alto, no demasiado fornido, rostro cincelado como su cuerpo a tono, rubio oscuro, ojos azul profundo que miran de frente, sonrisa suave. Y sin embargo, lo siento tímido. Como un Médici meditativo.

Disculpas profusas de mi parte por mi retraso, acepta y me dice que no hay que preocuparse. Rumbo al camerino, a manera de disculpa, le muestro en mi cel la imagen de su plana, donde lo comparo con un ángel por su estilo atlético de danza (y su hermosura). “Ya la tengo, me la enviaron a Canadá. Me gustó mucho.”

Vino del país del norte con su pareja profesional, la hermosa Jurgita Dronina, que juntos provocan explosión en el escenario y nos dejan deseando verlos más. Regresaron a casa el domingo. Ambos son primeros bailarines y el permiso del Ballet Nacional fue sólo por el viernes. Tenía algo de trabajo, pero me dijeron que podía venir.”

El currículum de Gabriele cita a Fomento Artístico, aunque su paso por aquí fue también breve, “pero aprendí técnicas fundamentales”, agrega enseguida. Durante su estancia en Córdoba habitó en la casa de la familia Layún, “muy generosos y amables, me hacían sentir de la familia”, e incluso hizo pareja en bailes con Mariana.

¿Cómo llegas a la Academia de Martha Sahagún? “La maestra Adria fue maestra de mi papá cuando ella fue a enseñar a Italia (en Parma); luego de algunos años se encontraron y hablaron de que querían q yo hiciera ballet, pero no en mi país. Y mi papá decidió enviarme con ella. Mi primer festival lo tuve aquí en 2009, bailando con Mariana.” Es en 2010 cuando emigra a Canadá.

¿Te regañaba mucho Adria... titubea y acepta tímidamente, “pero es que en ese tiempo yo era un poco loco... necesitaba a Adria para calmarme.” Reímos, le digo que con ella todomundo tiene que cuadrarse (cuando la traté personalmente me habló en tono inequívocamente “pinta tu raya”, pero como todos, aprendí a amarla y respetarla.)

Volviendo a su era familiar, explica: “Mi papá y mi mamá tenían una escuela en Parma; pero yo de los 15 a los 17 estudié en Alemania. Mi hermana también baila, acaba la escuela este año y va a hacer audiciones.”

Y tu hermano encarnó a Billy Elliot, le digo. “Sí, en Italia” (mencionamos a nuestros tres Billys que aportó Fomento Artístico. Los conoce hasta de nombre). “Tengo otro hermano, pero no baila. Dice que ya somos demasiados.” Reímos.

¿Son competitivos?. “No, nos llevamos muy bien, cuando estamos juntos casi nunca hablamos de ballet; nos vemos poquito, yo en Canadá, mi hermano en Alemania y el resto en Parma, por eso nos vemos muy poco, y cuando lo hacemos no hablamos de ballet.”

Ví tu pueblo en las montañas, es precioso. “Tenemos una granja. Allá se hacen quesos, salamis...” Y bailarines, interrumpo (ríe). “Es chiquito pero bonito.”

Volvemos a Córdoba. Martha Sahagún me ha dicho que cuando viene trae regalos, y zapatillas para los chicos de Fomento, que en el Nacional de Canadá solo utilizan una vez; pero, ¿y Córdoba?. “Es muy especial para mí, procuro venir al menos cada dos años. Como vine como muy chico, a los 17, hice muchos amigos, veo a los Layún, a ex compañeros... aquí aprendí mucho también como persona, caminar por las calles, ver a la gente, a los niños... aunque somos de cultura diferentes, Italia y México tienen parecido. Aquí y allá somos fiesteros, alegres... por eso me gusta mucho lo que Martha hace... lo que hace es muy padre.”

Comentamos la filantropía de madame Sahagún, “Martha tiene un gran corazón, dice Gabriele, porque no creo que saque nada de ello. Su felicidad es ver bailar a sus niños, y en este mundo de hoy no hay mucha gente así.

Toxpan le pareció también “padrísimo”: “Lo ví antes y ayer volví a verlo, como por primera vez.”

El tiempo se pasó de lo estipulado, y aunque no le veo signos de querer levantarse, con pesar doy por cerrada la entrevista, aunque entre las tomas adicionales conmigo, comentamos alguna trivialidad, él siempre asentando con una sonrisa tenue.

Ya casi cerramos, pero le cuento de mi encuentro la noche previa con Elisa Carrillo, su hermosura y sencillez; digo “como tú o como Martha, que entre más grandes más sencillos son.” Replica: “el que es en verdad artista, seguro de sí y lo que hace, es sencillo... los otros, los ´snobs´ (pedantes) pueden ser artistas, pero son inseguros.”

Aunque su aspecto, como diría yo en su perfil publicado, es “angelical”, su aura gentil hace a uno simpatizar de inmediato, aunque sonría poco; pero definitivamente emana una luz muy especial ese rostro como esculpido, igual que su cuerpo, que Miguelángel Buonarroti habría sido dichoso, sin duda, de firmar. Ciao, admirado, muy estimado joven señor Frola.


Talavera Serdán