Ciudad de México.- El nivel de ficción y malentendidos alrededor del anillo de diamante hecho con cenizas de Luis Barragán, pieza de Jill Magid, ha sobrepasado límites.

"Recibo hasta mensajes de texto preguntándome si vendo souvenirs de las obras. Se han creado mitos", concluyó la artista estadounidense.

Magid, quien ayer tuvo un encuentro con la prensa en el MUAC, donde hoy inaugura su exposición Una carta siempre llega a su destino. Los Archivos Barragán, que incluye el proyecto The Proposal, cuyo eje es la controvertida sortija, lamentó que la polémica que ha desatado la pieza ha eclipsado el discurso de la misma.

"Para mí lo importante es dirigir la conversación de nuevo hacia el trabajo", dijo.

Su muestra está conformada por una cuarentena de piezas, cartas y documentos que dan cuenta de sus acercamientos con familiares del Pritzker mexicano, así como con la dueña de su archivo profesional -Federica Zanco, en Suiza- y con autoridades alrededor de un tema: la posibilidad de que el acervo del arquitecto vuelva al País. El anillo, por ejemplo, fue ofrecido a Zanco como "moneda de cambio".

Se reúnen también fotografías, videos, pinturas que se encuentran en la Casa Barragán, que resguarda, por su parte, el acervo personal.

"Me pareció que las condiciones en las que su legado existe, con dos archivos en dos países distintos, México y Suiza, bajo dos estructuras legales diferentes a su alrededor -que es ésa la controversia sobre el legado, no mi controversia-, son tan perfectos para empezar a hacer preguntas importantes sobre de quién está en control de un legado, quién puede entrar, quién no", explicó.

Elocuente, Magid respondió los cuestionamientos de los medios sin caer en nervios ni inseguridades, aunque se mostró sorprendida por la insistencia de la prensa en dar a conocer la inversión del proyecto, financiado, como dio a conocer ayer REFORMA, por el Instituto de Arte de San Francisco.

"¿De verdad quieren saber eso? No es correcto preguntar quién pagó por esto. Me parece grosero traerlo a colación; no es el punto. El concepto de valor no sólo incluye el dinero, sino las horas que pasé discutiendo e investigando", zanjó.

Magid no duda de su trabajo alrededor de Barragán ni de su abordaje.

"Me siento bien con él. Cuando entré a la sala otra vez y vi las piezas, lo reafirmé".

En el meollo de la polémica, la manipulación de los restos de Barragán, no lo ve un acto de destrucción.

"Lo veo como un acto de vida. Para mí este proyecto es sobre la vida, sobre el legado. Qué es la vida y cómo esa vida continúa", concluyó, mientras que sobre el ofrecimiento del anillo a Zanco aclaró: "Ella tiene toda su vida para aceptarlo. La idea de que una obra de arte es un éxito o un fracaso (por no haber logrado un objetivo), no es correcto".

Sin embargo, de llegar a aceptarlo, el siguiente paso ya no le correspondería. "Esa sería una discusión entre la familia y Federica".

Magid no ha sido inmune a los reproches de un grupo de intelectuales, entre ellos el escritor Juan Villoro y el historiador de arte Daniel Garza Usabiaga, cartas de protesta y columnas periodísticas.

"No ha sido fácil. Sigo repitiéndome que tengo que enfocarme en el trabajo. Confío en mi trabajo y sé que a veces toma tiempo. La obra de arte es resistente", comentó.

Sobre la protesta de algunos parientes de Barragán que no fueron consultados para la exhumación, dijo que ella confió en Hugo Barragán Hermosillo, sobrino recientemente fallecido que actuó como representante legal.

"Me da la impresión que hubo una ruptura en la familia que precede a esta historia".

La historia que a ella le corresponde la cuenta ya el MUAC. Dentro de un cubo empotrado en la pared, protegido por un cristal, destella la manzana de la discordia.

Agencia Reforma