La llegada con retraso a CDMX con su tráfico caótico, instalación en el hotel tipo al aventón, conseguir taxi a menos de 90 mins para alcanzar mi cita en el Centro Cultural de Chapultepec y Chuahtémoc... charlar con Jesús Trosino, uno de los chicos de ProVer y estrella de “Billy Elliot, el musical”, tan calmado y sin embargo emocionado... abrazar a Cristi, amiga queridísima con 38 años de no vernos, y enseguida a mi ahijado Ernesto Canek con su Paulina del alma (otros 11 años ausentes)... y el espectáculo, ese estallido de luz, sonido, canciones, bailables y actores carismáticos... demasiado para mi corazoncito sin su debido medicamento desde varias horas atrás.

Por suerte, el intermedio. Canek me ayuda a bajar con el médico del teatro –servicio bono--, el simpático Mauricio: “230 sobre 140” y palabras de aliento, cuando mi promedio de pulso cardiaco es 120-130 sobre 70-80 cuando me agito. Varios bebensales observan (hay bar en el teatro), pienso si mi deceso serviría de promoción, al menos para la tiendita de souvenirs enfrente mío. Mi dosis de Metropolol con mucha agua, también cortesía, con media pastilla adicional en 10 mins más. Tercera llamada, continuamos.

Hemos descrito ya varias veces el argumento de Lee Hall con dirección de Stephen Daldry, los del Billy fílmico, a la que agregan coreografía de Peter Daling y musicalización de Elton John. El show es sencillamente fantástico.

Con la dinámica coral de Chorus Line, la exuberancia de Gypsy, el simbolismo sin la pretensión de Les Miz, en encanto de Rey León y la sublime energía infantil de Matilda, el joven Elliot es sin embargo un original.

El montaje por la cía de Alejandro Gou toma más de un año desde que adquiere los derechos (tras los que anduvo un lustro), ejercicios y ensayos a lo militar en la creada a propósito “Academia Billy Elliot”, ya difunta. Decenas de niños de todo el país audicionando para el equipo dirigido por Laura Morelos, ex directora y prima ballerina del Ballet de Bellas Artes. Chicos elegidos no dan medida, según el coreógrafo original. James Kelly y Martha Sahagún insisten en los de proVer. ¡Eureka! Se quedan.

Un secuestro virtual, los muchachos de Córdoba tienen ensayos, y sus clases normales para no perder el año escolar. Gimnasia, ballet, tap, swing, hip hop, acrobacia aérea, canto y actuación, por maestros especializados. No hay queja, pese al cambio radical de mundo, de entorno, de no ver a la familia por semanas, ni a sus amiguitos. Jesús y Aarón Márquez (a Ian no lo consigo), se manifiestan como “en un sueño” en el que “las mejores partes son cuando volamos”, concuerdan, “sentirnos en familia, con el apoyo de todos, y lo que hemos aprendido”, y “el aplauso de pie al final”, cuando tras la ovación sostenida a la compañía dejan al Billy de la noche al frente del proscenio a recibir su tributo merecido...

La noche del jueves el titular es Mauricio Arriaga, que da el look inglés, y lo hace bastante bien. El viernes vuelvo, y aunque Aarón está programado, por un ligero desgarre en el talón ponen a Jesús Trosino, y está estupendo también. Saber que son ellos, que conozco de años cuando cubro para El Mundo las funciones de Pro Talento Veracruzano, da un sabor especial al momento.

Talavera Serdán / Especial