Una de las historias “para niños” que más he disfrutado –y no veo muchas—es aquella en que Anjelica Huston es la presidenta de una convención de cultoras de belleza que se transforma en Bruja Maestra y sus acólitas arman en ese hotel invernal un aquelarre, con un olfato especial para atrapar a sus enemigos acérrimos, niños, a quienes convierten en ratas para después fumigarlos o engullirlos.

Así que mientras van llegando, con la dulce abuela Mai Zetterling –ex belleza sueca en su film penúltimo—durmiendo la siesta, el pequeño Luke se ve forzado a enfrentarlas, aún cuando ya ha sido convertido en roedor.

El film de 1990 dirigido por Nicolas Roeg, el de El Hombre que Cayó a la Tierra, de David Bowie y otras fantasías ochenteras, posee su encanto: su locación, los perfectos efectos visuales y creaciones prostéticas de Jim Henson, los niños protagónicos, una muy malvada Anjelica, y el reparto que incluye a Rowan ´Mr. Bean´ Atkinson, Brenda Blethyn y Jane Horrocks.

Cuando la vi por primera vez estaba ajeno al autor, de quien luego me entero hace su carrera de asustar niñitos, Roald Dahl, con historias desprovistas de sentimentalismo, de humor macabro, sobre un mundo donde los niños, de preferencia huérfanos, son una amenaza constante para sus enemigos adultos (malvados, desde luego), con finales inesperados, aunque en el fondo siempre yace un calor humanos donde el bien prevalece.

Dahl, británico de Gales con ascendencia moruega (septiembre 13, 1916-noviembre 23, 1990), novelista, autor de cuentos cortos, poeta, guionista de cine y piloto de combate que sirve en la Real Fuerza Aérea durante la Segunda Guerra Mundial, ha vendido más de 250 millones de copias de sus libros y cuentos que aterran tanto como aman los niños del mundo.

Acabo de disfrutar de nuevo de un film de y con Danny DeVito, Matilda (1996) cuya protagonista (Mara Wilson), carente de amor paternal, prodigio que lee libros desde los 4 años, desarrolla poderes de telekinesis y un sentido infantil de la justicia, sin ser vengativa pero aprendiendo a desquitarse sin ensombrecer su corazón, que es el tipo de héroe que Dahl ha perfeccionado. La historia convertida en musical de Broadway triunfa desde 2013 y tiene una compañía en gira. Otras historias suyas que han sido filmadas, con mayor o menor fortuna: James y el Durazno Gigante, Charlie y la Fábrica de Chocolate (dos veces, la primera con el finado Gene Wilder, como “Willie Wonka”, la más reciente con Johnny Depp), El Fantástico Sr. Fox, en stop-animation, El Buen Amigo Gigante --actualmente en cartelera de cines--, The Twits (en desarrollo) y La Maravillosa Medicina de George, que desde 1986 se produce en la telly británica en forma serial.

Aparte de su prodigiosa habilidad para inventar historias inusuales, Dahl –quien estuvo casado con la ganadora del Oscar por Hud, Patricia Neal— fue un as piloto que se elevó al rango de comandante. Su prominencia como autor nace en los 40s con libros para niños y adultos. De él llegan se refieren como “uno de los grandes cuentacuentos del siglo 20”. Premios literarios incluyen el de Logro de un Vida del Mundo de Fantasía 1983, y el Autor Británico del Año 1990. El diario inglés The Times lo coloca 16avo entre los 50 mejores autores británicos desde 1945. Uno de sus trabajos “adultos” es “Cuentos de lo inesperado”, y es que un atractivo mayor que un autor puede ejercer en sus lectores es aprender a esperar de él lo que menos espera.

II Matilda, el musical, sigue con éxito en Broadway / El film de Danny DeVito / Las dos versiones de Charlie y la Fábrica de Chocolates. En todas hay huérfanos y adultos enemigos de los niños.

II La versión de Tim Burton con Johnny Depp y Freddie Highmore, y la más memorable con el comediante recién fallecido, Gene Wilder.

Talavera Serdán/Especial