A sus 44 años, Winona Ryder parecía estar condenada al estigma de los que vieron pasar de largo su oportunidad en Hollywood, atada a papeles secundarios y a un mediano impacto, hasta que una cosa extraña sucedió: perdió el miedo al fracaso y su carrera tomó un segundo aire.

Fue así como llegó a sus manos Stranger Things, sin imaginar que con este proyecto volvería a estar en el pedestal de donde cayó.

“Esta era la primera vez que caería sobre mi la responsabilidad de una serie. Desconocía los retos del formato (streaming) y me asustaba la idea de no saber cómo apropiármelo, pero al final seguí mi corazonada.

“Ya ni hablar del personaje y del género. Eran igual de desconocidos para mí, pero, al mismo tiempo, emocionantes”, contó Winona, tras su charla con medios en el TCA de verano, en Los Ángeles.

Para encarnar a Joyce, una madre que busca desesperadamente a su hijo en la Indiana de 1983, Ryder sólo dejó fluir al personaje.

“Cuando tus escenas claves requieren hablarle a lámparas, y te ves a ti misma en esta situación, es inevitable preguntarte lo que estás haciendo y rezar porque todo funcione”, expresó sobre el programa, ya disponible en Netflix.

Winona prefiere no leer lo que publican sobre ella los medios, pero sí toma como termómetro los comentarios que trascienden a su círculo cercano de amigos y en su familia. Fue así como dimensionó el éxito que ha tenido Stranger Things y la popularidad que ha recuperado.

“No esperaba un revuelo de esta magnitud, para ser honesta, pero me alegra ver que hasta mis padres me dicen lo positivo que ha resultado todo. Estoy muy agradecida”.


Agencias