México.- Con solo diez meses, Luis Manuel pesa 28 kilos y es porque, según el diagnóstico divulgado hoy a Efe por el cardiólogo mexicano Gustavo Orozco, padece obesidad perinatal por inflamación celular derivada de una deficiencia de grasas en la sangre y la leche materna.

“La inflamación celular es un fenómeno que hace que el niño crezca de manera desordenada y que en valores muy altos puede ser exagerada, como es el caso“, explicó el doctor, que al realizar el perfil de inflamación celular observó un nivel fuera de lo normal, 23 puntos frente a los 6 que presenta un bebé sano.

Este resultado llamó la atención del equipo médico del Instituto de Investigación de la Inflamación de Guadalajara, que dirige Orozco, y les llevó a inferior que lo que originaba esto es una grasa Omega 3 denominada EPA.

El valor normal de esta grasa en los niños es de 6 %, mientras que el bebé -que nació con un peso de 3,58 kilos y 53 centímetros en el occidental estado de Colima- presentaba un valor de 0,65 %, lo que se traduce en una deficiencia del 93 % de esta grasa antiinflamatoria.

El especialista puntualizó que la prueba únicamente se realiza en tres lugares en el mundo y que la técnica es originaria de Canadá, donde la aprendieron los médicos de su institución.

El análisis permitió identificar un nivel muy bajo de DHA Omega 3, una sustancia que “tiene que ver con la función cerebral, pero también con el metabolismo.”

Estas grasas se las otorgan las madres a los niños través de la leche materna. Sin embargo, el niño presentó unos niveles de DHA de 3,12 % cuando lo normal es 7 %.

Todo encajó: “Esta falla en su tiroides es ocasionada por la deficiencia nutricional de DHA y de EPA en su leche materna, que también se refleja en la sangre del niño.”

“Este tipo de tiroidismo es consecuencia de la inflamación celular que, a su vez, es ocasionado por deficiencia de estos nutrientes en la leche materna“, precisó.

“La calidad de la leche es mala porque la mamá no tiene en la sangre esa grasa“, ya que presenta “una deficiencia del 73 % de esta grasa protectora de obesidad“, apuntó.

Así, el origen de todo es el embarazo. La mamá no recibió los suplementos alimenticios suficientes durante el periodo de gestación. Ella ingirió “ácido fólico y hierro, en lugar de las grasas Omega 3 que necesitaba.”

“Esto se llama programación fetal a la obesidad“, aseveró el experto, quien explicó que en “los primeros mil días desde que se concibe un bebé se determina quién será obeso y quién no.”

El próximo jueves Orozco comunicará a la madre del bebé -que a los dos meses ya pesaba de 9 a 10 kilos- el diagnóstico y comenzará a dar dosis líquidas de Omega 3, que equivalen a 10 gramos de EPA y DHA.

A esto le agregará 25 microgramos de hormona tiroidea T3 en tabletas masticadas en la mañana como dosis inicial.

Habrá que esperar unos meses para saber si existe mejoría en el caso del pequeño, cuya madre dice a Efe que es risueño, “ya balbucea, patalea” e incluso “dice papá y mamá.”

Pese a que no la deja dormir por las noches, Isabel no ha perdido la esperanza, pero confiesa que “el miedo está ahí.”

Ahora, con el diagnóstico, todo queda ahora en manos de los médicos. EFE