Guadalajara, Jalisco .- La popularidad de los grupos en WhatsApp está fuera de control.

Hay quien recibe mensajes todo el día, mientras que el uso masivo de esta aplicación de mensajería electrónica ha generado nuevas formas de interacción que, en cierto punto, se han vuelto invasivas para la vida cotidiana y deben ponerse ciertos límites, según expertos.

"Hay epidemia de grupos para todo, para el trabajo (con o sin jefes), con vecinos (los que me caen bien y mal), entre amigos, familiares, venta y compra, padres de familia del colegio... no entienden de tiempos y horarios y los mensajes no dejan de ir y venir todo el día, pero llenar a una persona con mensajes es una grosería, una pérdida de tiempo", advierte el experto en uso de tecnologías del TEC de Monterrey Campus Guadalajara, Juan Pablo Villalobos.

El uso de los grupos de WhatsApp se ha popularizado por lo barato que resulta manejar la aplicación, pero también por la forma directa y simultánea de enviar un mensaje a varias personas, aunque se ha vuelto un problema para la convivencia y en casos más extremos, su uso se ha tenido que reglamentar, como en el contexto de grupos de padres de familia y profesores de algunos planteles de la Ciudad.

"Los grupos de padres de familia de los colegios son una gran epidemia, creo que no entendemos hasta qué nivel trastornamos la educación de nuestros hijos y sus maestros, en estos grupos llegan cientos de mensajes durante el día, algunos con preguntas serias, que se pierden entre los cientos de emoticones y los jajaja de muchos participantes; algunos mensajes llegan ya de noche para preguntarle al profesor cuál es la tarea de su hijo.

"Los papás no entienden que hay horarios escolares que se deben respetar para la formación de sus propios hijos; incluso se han provocado peleas entre padres de familia cuando hay conflicto entre los niños o adolescentes, los pleitos se llevan a WhatsApp, empiezan los reproches y los insultos", resaltó Villalobos.

En grupos de amigos y familiares hay también información que puede generar angustia. En meses recientes se ha divulgado información falsa sobre operativos de seguridad o ataques entre delincuentes, que pueden llegar a incomodar o preocupar a personas que no saben que los rumores y trascendidos son más normales de lo que se piensa en redes sociales, expresó la académica de la Universidad Panamericana, Ligia García.

Alejandra está conectada a WhatsApp casi las 24 horas al día. Está inscrita en 18 grupos de amigos, familiares, trabajo, venta y compra de diversos objetos, hasta recibe las ubicaciones de los retenes de alcoholimetría. Contesta mensajes desde que se levanta a las 6:00 horas, hasta las 23:00.

"Me gusta estar al tanto de lo que pasa, pero también me gusta que sepan que les estoy poniendo atención", advierte la mujer.

Sin embargo, hay grupos de conversación que no le aportan mucho a los participantes, pero por las reglas implícitas que se han creado en torno a esta aplicación, hay usuarios que permanecen en el chat para no parecer descorteses o groseros.

"Se ha malutilizado y ahora la aplicación me parece muy invasiva; la gente debería tener la libertad de revisar el teléfono cuando quiera, no inmediatamente después de que le llegue un mensaje, entre muchos usuarios se genera ansiedad y hasta adicción", añade García.

Para el académico del TEC, hace falta una alfabetización digital, programas de educación para gente que no es nativa digital, para quienes no tienen criterios muy claros para usar las nuevas tecnologías con el objetivo de entender la verdadera utilidad de la aplicación.

Las universidades ya empiezan a trabajar sobre ciertas normativas de uso de las aplicaciones, que deberán ser extensivas hacia el público en general, para que no se dejen absorber por las múltiples notificaciones de sus redes sociales, manifestó García.

Para el uso correcto:

Tener un objetivo claro al compartir una información.

Mientras más breve y claro sea el mensaje, mejor se entenderá.

No sentirse presionado a contestar de inmediato.

No impacientarse si el receptor no responde rápido.

No abusar de los emoticones; usarlos únicamente si aportan valor y contenido.

No utilizar mayúsculas para escribir.

Imponerse un horario para usar la aplicación y respetar los horarios del receptor del mensaje.

No enviar mensajes tipo "cadena", que hace tiempo era tendencia a través del correo electrónico.

Cuidar la reputación digital, porque "somos lo que compartimos".

Si un grupo de conversación no aporta nada útil, dejarlo en claro a los participantes y salirse.

Si la aplicación se utiliza para asuntos laborales hay que cuidar la foto de perfil.

Establecer horarios de uso en grupos de conversación de trabajo; silenciar en días de descanso.

En caso laboral, si hay un asunto urgente utilizar mejor una llamada telefónica.

Reforma