Este fue un año triste por donde se le mire. En un pueblo de no sé dónde se efectuó la boda más triste del mundo y la imagen de los novios con cara de funeral se hizo viral en redes sociales.

En Roma, la gente protestó porque el árbol de Navidad que puso el ayuntamiento de esa ciudad tenía un aspecto muy triste.

El árbol, un abeto rojo cuyas ramas son muy resistentes, se veía bastante escuálido y frágil; como que no enraizó bien. Nada que ver con el frondoso abeto instalado en la Plaza de San Pedro.

Los romanos comenzaron a llamar a su árbol spelacchio, que es algo así como despellejado o pelado. Y es que se le caían las ramas antes de tiempo, hasta que descubrieron que estaba muerto casi desde que lo arrancaron de su hábitat.

¿Y de qué murió? De pura tristeza, fue la conclusión.

Pero para árboles de Navidad tristes, nada como el que está en la Plaza Lerdo de Xalapa. Ese sí, para que veas lector, te arranca las lágrimas nomás de verlo fúnebre y opaco de día, aunque de noche se defiende con sus cientos de foquitos luminosos.

El 2017 fue un año triste porque escaseó el empleo; porque aumentó la gasolina, porque bajó la venta de vehículos, porque tras los sismos y huracanes aún hay cientos de damnificados.

En el caso particular de Veracruz fue un año triste porque nos las pasamos con puras aproximaciones: Que hay empresarios interesados en invertir en la entidad; que va a haber más empleos; que se van a construir mejores carreteras; que habrá hospitales de Primer Mundo; que ya mero agarran a Karime. Pero en concreto hubo nada.

Fue un año triste porque ha sido el más violento en la historia reciente y porque los malos van ganando la batalla a una ciudadanía que ya le tiene miedo a todo.

En poblaciones del sur y algunas del norte veracruzano, la gente se encierra en sus casas a las seis de la tarde y no le abren a nadie.

Se fue un año y con él se evaporaron el cúmulo de promesas que llevaron a un señor a la gubernatura. Todo lo que dijo fue para la foto y para agenciarse votos. Y hubo más de 790 incautos que le creyeron y votaron por él.

Pero ni hablar, así es esto de la democracia.

Estamos prácticamente a unas horas de que llegue fin de año y el espíritu navideño brilla por su ausencia y es muy probable que este año no llegue a Veracruz.

Mejor para él porque así no se expone a un secuestro o a un plomazo.

Hay quienes aseguran que el 2018 será peor que este 2017 y ojalá la lengua se les haga chicharrón.

Como buen capricornio, soy optimista y quiero pensar que ya tocamos fondo, y que el año que está por llegar será menos violento lo cual será una enorme ganancia.

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BERNARDO GUTIÉRREZ PARRA


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