Sorbos de café

Álvaro De Gasperín Sampieri

Parte del agitado y patético fin de sexenio en Veracruz ha sido un reportaje publicado en estos días que presenta las deudas "con pelos y señales" que tiene el gobierno estatal con los medios de comunicación, periodistas, agencias informativas, pasquines, diarios locales y nacionales, encuestadoras, sitios informativos virtuales, entre otros, documentados en un informe del Órgano de Fiscalización y que asciende a más de 400 millones de pesos.

Obviamente que en este informe del ORFIS no están todos los que son y no son todos los que están, y si a estas alturas se debe todo eso dinero, nos tenemos que imaginar lo que se dilapidó de recursos públicos en los cinco años anteriores con el fin de manejar una imagen positiva del gobierno que a la postre los mismos hechos echaron abajo.

Yo recuerdo que al entrar a estudiar Periodismo en la "Carlos Septién García" una palabra aparentemente ajena a la actividad y que se convertía en algo que debíamos conocer (pero no practicar) era el "chayote".

El chayote en el periodismo es una dádiva, regalo o embute que desde su descubrimiento y aplicación ha tomado formas diversas e ingeniosas, todas ellas como parte de una relación corrupta entre el gobierno y los medios de información, pero que empezó siendo un dinero en efectivo que los periodistas recibían en un sobre.

Los estudiosos de la historia del periodismo mexicano señalan dos posibles inicios de la práctica del chayote: una que ubica a un gobernador de Tlaxcala en los años 50s y 60s que invitó a unos reporteros a que conocieran las obras de riego hechas por su gobierno en beneficio de los campesinos, y que al avanzar el autobús donde iban los invitados sólo veían una región seca sin sistema de riego alguno, pero que al pasar el jefe de prensa del mandatario estatal repartiendo unos sobres con dinero a cada periodista, no faltó el que comentara: "ya vieron, que verdes están los chayotes de aquel sembradío".

Otra versión la platica un exreportero de Proceso –Elías Chavez- a petición en su momento de don Julio Scherer García y dice que "el chayote florece a su máximo esplendor desde que Gustavo Díaz Ordaz institucionalizó su irrigación. Mientras el entonces Presidente de la República pronunciaba un día de 1966 el discurso inaugural de un sistema de riego en el estado de Tlaxcala, entre los reporteros corría la voz: ¿Ves aquel chayote? Están echándole agua. Ve allá. Allá, semioculto por la trepadora herbácea, un funcionario de la Presidencia entregaba el chayote, nombre con el que desde entonces se conoce el embute en las oficina de prensa. Tan popular se volvió que su entrega dejó de ser oculta".

En Veracruz, en los últimos dos sexenios el cultivo de ese producto fue muy abundante pero tal parece que por las deudas que arrastra el gobierno con la prensa, eso también ya se acabó o por lo menos disminuyó.

Lo menos que esperaríamos del nuevo gobierno electo es que la relación con la prensa sea diferente a partir de ahora y sobre todo después de diciembre, que se transparenten los convenios que se realizarán con los medios informativos, que se disminuya drásticamente el gasto en publicidad gubernamental, que no se paguen deudas millonarias pendientes que no estén justificadas y que por lo menos se ponga un alto al despilfarro del dinero público en tantos "textoservidores" y prensa a modo, ya que hace mucha para paliar necesidades básicas de los veracruzanos como salud, educación y seguridad.

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