Cada 10 de noviembre se celebra el Día Internacional de las Librerías; este año con el lema “Deja que te cuenten”.

Los números sobre libros y lectores varían de país en país; en México es un hecho el gran déficit que tenemos de lectores y sigue siendo un gran reto fomentar la lectura por placer, así como la formación de especialistas en promoción de la lectura.

En nuestra región por fortuna la Universidad Veracruzana (UV) ofrece desde hace cuatro años y con sede en Córdoba, la Especialidad en Promoción de la Lectura (EPL), cuya misión es “formar especialistas en promoción de la lectura en diversos soportes y de manera integral, con una actitud creativa, que les permita diseñar, implementar y evaluar programas de promoción de la lectura, con un sentido de solidaridad y humanismo, para contribuir con el desarrollo de las prácticas de lectura y escritura a nivel estado y país”.

Bajo esta tesitura se insiste en que “no es lo mismo estar alfabetizado que ser lector. El individuo se transforma a partir de la práctica lectora, mientras que el simple proceso alfabetizador muchas veces tiene como resultado a una persona que sabe identificar las letras pero no entiende lo que lee”.

Pero de vuelta a los libros y las librerías, también se ha especulado mucho sobre que a raíz de la llegada del libro electrónico habría que redactar de una vez el acta de defunción del libro impreso, situación que tal parece no se dará porque a pesar de todos los obstáculos el consumo de libros ha tenido un aumento sino significativo por lo menos constante.

Tal parece que esta muerte casi anunciada del libro impreso simplemente no se dará, situación que ha pasado más o menos igual cuando al cine se le “cantaban las golondrinas” con la irrupción de la televisión y el periódico impreso con la llegada de los periódicos digitales.

Es de destacar que en nuestro país la Asociación de Librerías de México (ALMAC) otorga cada año el Premio Nacional de Librerías 2017, y en esta ocasión correspondió a la librería orizabeña Biulú tal distinción “porque la librería ha presentado una propuesta de crecimiento, desarrollo y promoción del libro y la lectura en beneficio de la comunidad, prometiendo ampliar y mejorar sus instalaciones e infraestructura técnica”.

Vale la pena mencionar que su propietaria, Teresa María de Lourdes Cortés Castillo, es egresada de la primera generación de la Especialidad en Promoción de la Lectura y por su esfuerzo, sacrificio, constancia y dedicación logró ese premio tan importante que ofrece un rayo de luz y esperanza para quienes pensamos que el camino hacia la paz pasa ante todo por ser y lograr un país educado y de lectores.



Álvaro de Gasperín Sampieri


Los comentarios y puntos de vista expresados en esta página son cortesía y responsabilidad de quien los escribe, además de que no representan necesariamente el punto de vista de Sociedad Editora Arróniz

En economía nos ocupamos de escenarios, de potencias, de posibilidades. Nos interesa lo que nadie ve, las alternativas y las ecuaciones que son imposibles de adelantar. Nadie apuesta un peso al futuro, al economista todos lo dicen “Deja que el futuro llegue y ya veremos” sin embargo los economistas somos paranoicos porque tenemos un debate mental; dilucidar egoístamente antes que cualquiera el camino o adelantarle al caído, al desposeído una posibilidad de reivindicar su presente. La primera opción camina hacia la riqueza y la segunda hacia el bienestar social, ambos son legítimos anhelos, personalmente prefiero ser de aquellos que primero iluminan el sendero de otros que el propio.

Los 54 días que restan de este sobresaltado año serán intensos; tendremos todavía presiones inflacionarias por el efecto del tipo de cambio hacía el subcomponente mercancías del “Subyacente” (obvio 80% de lo que consume es importado) y claro potencial presión en el componente “No subyacente” sobre energéticos por la misma razón (lo que hace que energía eléctrica y gasolina sufran aumentos) eso sin considerar la volatilidad de los agropecuarios dentro del mismo bloque. Agregue el aumento salarial que esta próximo y que no servirá para nada pues cuando los salarios suben también lo hacen los servicios. Aquí no hay secretos, en economía y en la vida toda acción tiene su reacción.

Adicional a esto tenemos en puerta el ya super citado inminente aumento de tasas de interés en Estados Unidos lo que provocará ver un paralelo aumento de tasas de interés en México quizá hacia 7.25% para contrarrestar la salida de capitales, pero sobre todo para mantener la inflación en niveles máximos de 6.30% por ello ante el complicado escenario económico de fin de año y entendiendo que el 2017 fue pérdida total para el poder adquisitivo de los mexicanos aquí le comparto mi pensar sobre lo que yo haría para enfrentar el fin de año. No soy dueño de la verdad sólo es mi punto de vista:

1. Deje de anhelar el salario ideal. Comprenda que cada peso que usted recibe extra lo va a destinar al gasto, entre más ganamos más gastamos así que ni $100 ni $200 serán suficientes pues está usted en una escalera y en la medida que usted aumente su ingreso aumentará también su gasto. Lo realmente ideal es que los precios de las mercancías reduzcan su precio y eso sólo lo va a usted a lograr cuando prescinda de aquellos productos caros y prefiera bienes sustitutos o complementarios. Si el jitomate está muy caro compre “cubitos” sazonadores de tomate, si la marca de shampoo que utiliza tiene precio alto prefiera uno de menor precio. ¡Vamos! Olvídese de las marcas. El riesgo de empeñarse en mantener su calidad de vida es proporcional al daño que le hace usted a su salario.

2. Las personas siempre decimos que en México no se puede ahorrar. Primero que nada, debo decirle que ahorrar no es “guardar” el dinero que le queda después de haber gastado, no, eso no es ahorrar. Ahorrar es separar un 20 o 25% de su ingreso ANTES de gastar y adiestrar al cerebro para que en realidad piense que su ingreso es menor. Si Usted no ahorra es porque ya tiene más del 80% de su ingreso comprometido entonces quedo atrapado por lo que la única opción es que deje de gastar, cuando dejamos de gastar reducimos el impacto en nuestro salario. Dejar de gastar es doloroso, pero si usted ya quedó atrapado entonces no es opcional.

Tengo clarísimo que cuando leyó: AHORRE lo primero que pensó es que es imposible, lo sé, pero es imposible porque el ingreso en México está supeditado al crédito. Tengamos claro que la razón por la cual tenemos tan ajustado nuestro salario es porque nosotros mismos nos pusimos en esta situación, en economía no hay mala suerte ni destino, nosotros mismos con nuestras malas decisiones nos colocamos aquí. Así que insisto, le viene el “Buen Fin” y la derrama de aguinaldos: AHORRE ¿Cómo? De nuevo se lo digo, recorte el gasto ¡No gaste! Si usted quiere comprar debe hacerlo a precios bajos y la única manera de hacerlo es disminuyendo la demanda. Empiece por usted mismo. Le suplico que comprenda que los bancos no le han regalado el dinero que está en sus tarjetas de crédito y que tener una tarjeta de crédito equivale a ir armado por las calles, se convierte usted en un potencial peligro. El crédito es para emergencias (legales, médicas, naturales) úselo mesuradamente.

3. Si usted tiene la fortuna de contar con excedentes quizá valga la pena que prevenga algunas compras de mercancías importadas, no se alarme, algunos pensarán que mayor demanda de importados provocará escasez en el mercado y en consecuencia más inflación, pero seamos honestos... ¿Cuántos ciudadanos tienen excedentes? Ante la obvia respuesta le insisto, si usted es de los pocos que tienen excedentes haga lo que llamamos en finanzas una “cobertura” y garantice mercancías al precio actual (van a subir). Si usted tiene negocio o empresa, es recomendable que siga la misma estrategia que en el punto anterior, le aconsejo que tenga una correcta administración de sus inventarios.

4. Por último y quizá el más importante, recicle. Vuelva a poner su viejo árbol de navidad, sea innovador con la cena de fin de año, baje de peso y le quedará la ropa que ya no usa, mantenga su equilibrio emocional pues quizá no se ha dado cuenta, pero los estados de euforia o depresión rompen la conducta normal de compra y hacen que usted gaste más. Haga ejercicio y reduzca el “stress” pues uno de los grandes gastos anuales es en salud por la irresponsable manera bajo la cual conducimos nuestro cuerpo. Haga las paces consigo mismo y con los suyos; el odio y el orgullo son grandes generadores de gasto. Disfrute los pequeños momentos, si usted encuentra balance en sus emociones tomará mejores decisiones y por ende correrá menos riesgos. Otros años usted ha hecho lo mismo de siempre; gastar y gastar, vivir como si fuera el último día, no pensar en el futuro ¿Por qué no intenta este fin de año algo distinto? Yo lo haré.


El dinero no existe

Luis Pérez Lezama

El autor es director de análisis y docencia económica en SAVER Laboratorio de ideas. Es analista económico, conferencista y “blogger” financiero.

Twitter: @SAVERThinkLab


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La vieja tina de lámina, de forma ovalada, era un océano en mi imaginación. Me sumergía en ella doblando las rodillas y mi cabeza sobresalía en el otro extremo. Aún así, me sentía flotar en ella cuando apenas el agua cubría mi vientre y dejaba ver mi ombligo en el medio de esa voluminosa barriga que siempre tuve de niña.

A un lado de la tina, sentada en una sillita de madera rústica, mi abuela materna aguardaba a que yo soñara un rato. En el cuarto de baño no había vestigios de regadera. Los desechos fluían hacia una fosa séptica y el agua se calentaba en un tlecuilli que mi madre había mandado a construir en el patio. No recuerdo mimos de mi abuela, solo lo doloroso que era dejarse tallar la cabeza con sus uñas de pianista. Quizá pensaba que así quedaría más limpia.

En aquel tiempo no existía el champú. Tanto para lavar el cuerpo como la cabeza, se usaban pastillas de jabón cuya marca más extendida era la Palmolive (jabón hecho con aceites de oliva y palma rezaban los comerciales en la radio). Pero como de cualquier manera, no importando lo fino del aceite empleado, para la saponificación debe emplearse sosa cáustica, la irritación ocular era bastante frecuente. Algunas personas creían que el jabón marca Octagón (bastante bueno para tallar la ropa sobre una piedra en el río) era mejor que el Palmolive cuando de lavar el cabello se trataba. Afortunadamente, ni mi madre ni mi abuela compartieron esa idea o quizá nunca oyeron de ella. Pasaron muchos años para que un frasco de champú llegara a nuestra casa en manos de una amiga de mi hermana mayor y fue con ese simple hecho cuando vislumbré que un mundo desconocido y más confortable, existía extramuros de esa casa que habité desde los dos meses de edad hasta terminar mi carrera universitaria.

La parte más placentera del baño era, paradójicamente, cuando éste terminaba. No secábamos nuestro cuerpo con una afelpada toalla si no con una manta que antes había sido un costal de harina y que mi madre había blanqueado, dobladillado y adornado con un bordado o con una orilla de hilo crochet. La manta no recoge suficiente agua del cuerpo y éste quedaba húmedo cuando llegaba el momento de embadurnarlo con la fragancia de la Crema de almendras de Ibáñez. El olor de las almendras inundaba mi nariz y mi cerebro. La belleza del recipiente, de forma rectangular, me causaba una visión de placer aunada al temor de que pudiera resbalar al suelo. La crema estaba resguardada con un tapón a presión y un lacre sobre un cordoncito amarillo con azul que daba vuelta al tapón. Era su sello de garantía. Mi padre la traía de Puebla. No recuerdo otro lujo material que yo tuviera a esas tempranas edades.

Mi abuela se dedicaba a sus tejidos de crochet desde las seis de la mañana. Ella vivía con nosotros en el chalecito que mis padres habían construido en lo que se consideraba entonces muy lejos del centro de la ciudad, (a diez cuadras de la calle Colón y a tres cuadras de la calle Madero). Ejes de los que parte la nomenclatura de las calles de nuestra entrañable ciudad de Orizaba. Muy temprano, entre los ruidos del peltre, ella preparaba café (ruidos de los que siempre se quejaba mi padre que fue un dormilón empedernido) y después se sentaba a tejer. Aunque casi todo el tiempo tejía ganchillo, dominaba la técnica del deshilado, la litografía y la horquilla. Yo conservo la pequeña almohadilla en donde prendía con alfileres la pieza a deshilar, también la mantilla que elaboró para la celebración religiosa de mis 15 años.

Mi abuelita me transmitió su amor por los colorines. Había muchos palos de colorín a la orilla del Río Orizaba que corría al final de la calle. También había grandes peñascos, juncos, ajolotes, ranas. Los chicos del vecindario cruzaban haciendo equilibrio sobre piedras. Había muchas mujeres que iban a lavar ahí su ropa. El río vivía sin saber que un día, en pos de la modernidad, lo convertirían en canal.

Fue ella, mi abuela materna quien inculcó en mí el amor por la narrativa. Nos contaba cuentos que había escuchado de su madre y que eran a la vez normas morales, filosofía familiar, entretenimiento y una tradición oral con cuyos conceptos ella había sido educada en la última década del Siglo XIX. También había lectura en voz alta y ésa nos tocaba a nosotras (mi hermana mayor y yo). Nuestra preferencia para esas lecturas vespertinas, sentadas alrededor de la abuela, normalmente se inclinaba por el entrañable Libro de Lectura para sexto año Cultura y espíritu, escrito por el profesor Santiago Hernández Ruiz y editado por Luis Fernández G. Ya en 1952 se imprimía la Tercera edición que la Comisión Permanente de libros de texto había autorizado a través de su Presidente, el Profesor Ignacio Ramírez López, para su uso en las escuelas primarias del País, junto con otros cinco libros del mismo autor y de la misma editorial. Cada uno de ellos para el grado correspondiente de educación primaria: Primero: Amanecer; Segundo: Primeras luces; Tercero: Nosotros; Cuarto: Curiosidades y ejemplos; Quinto: Continente; Sexto: Cultura y Espíritu. El sello del editor muestra en las primeras páginas su emblema: sus iniciales rodeadas por un óvalo formado por un cinturón con una gran hebilla en la parte baja y cuyo lema dice:

“AQUEL QUE DEJA DE SER MEJOR DEJA DE SER BUENO”.




Lilitt Tagle


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