•El peor desamparo social

•Gran fracaso de los políticos

PASAMANOS: En cuatro años, Veracruz estará poblado en su mayoría por viejitos, igual, claro, que el país. Y viejitos, en el desamparo social. Una parte, sin pensión. Y la otra, con pensión, pero jodida.

Bastaría recordar que a partir de 1997, los pensionados están bajo las Afores. Y las Afores son con cargo a las aportaciones de cada quien. Y dado los salarios de hambre en Veracruz y en el resto de la nación, las pensiones serán, mejor dicho son desde ahora, insuficientes.

Por ejemplo, en condiciones normales, un trabajador puede alcanzar entre 120 y 150 mil pesos de Afores al retirarse de la vida laboral.

Yqueacadaunolevaya bien, dice el politólogo Carlos Ronzón Verónica.

Y los 150 mil pesos se diluyen en un dos por tres, sobre todo, entre el pago de la consulta médica y los medicamentos y ojalá, de pronto, nunca se atraviese una operación quirúrgica.

Y luego, a pedir limosna en la calle, y en el mejor de los casos, al cuidado de los hijos si los hijos estuvieran en condiciones.

Así, el mundo en la puerta de la esquina será, ya es, atroz y cruel y desde luego, todo mundo toma provisiones.

Un dato dramático. En la UNAM, han decidido que para contratar a un académico y/o a un investigador ha de tener la edad máxima de 35 años.

Y a partir de ahí, aun cuando se tengan maestrías y doctorados en universidades extranjeras, y de prestigio, aplicada la ley los aspirantes quedarán fuera.

De igual manera ocurre, por ejemplo, en la mayoría de los empleos. Un tope de edad para ser contratado. Y de paso, con sueldos de hambre como decía Ricardo Flores Magón en 1900.

Un ejército de viejitos espera a este país.

BALAUSTRADAS: El caso de los viejitos pensionados en Veracruz es dramático. Más, ahora, con el joven colérico y bipolar, Javier Duarte, JD, aclamado por las iglesias católicas, evangélicas, ortodoxas, conexas y similares.

Primero, cada mes el atraso sistemático en el pago puntual de la pensión, y segundo, el pago con cheques de hule, y tercero, la obligada marcha pacífica en las calles y avenidas de Xalapa como medida de presión para que les paguen..., pues constituye el único camino que el góber tuitero les ha dejado.

Peor tantito, nunca los viejitos ni sus familiares ni quizá, acaso, las ONG, olvidarán la madriza en el parque Lerdo, ordenada, según dijo él mismo, por el secretario General de Gobierno, el joven rijoso y vigoroso, Flavino Ríos Alvarado. Por eso es que, entre otras razones, los Copipes han agarrado tanta fuerza social. Entre más desprecio y menosprecio a los viejitos, más liderazgo de los Copipes.

Y el hecho, recrudecido porque un montón de pensionados llega al banco con bastón, en silla de ruedas, y hasta con un tanque de oxígeno a un lado para vivir y sobrevivir. Además, claro, de las pensiones raquíticas, la mayoría, de 2, 3, quizá 4 mil pesos.

Y/o como las pensiones del ISSSTE y el Seguro Social que apenas, apenitas, llegan a unos dos mil pesos.

En contraparte, ya puede el lector visualizar el estado de cosas, por ejemplo, entre los viejitos indígenas y campesinos, todos, sin seguridad social, a la buena de Dios, remedios caseros.

Bien dice el adagio chino: la juventud es fascinante, pero la vejez es más, mucho más larga que la juventud.

Y por tanto, lo más importante en la vida es lograr una tercera edad digna, sin inspirar compasión ni lástima ni misericordia a nadie.

ESCALERAS: Vida terrible para los viejitos de las ciudades, pero peor, el infierno mismo, para los viejitos de los pueblos rurales, campesinos, indígenas.

Toda una vida empujando la carreta en el campo, desde antes de que el sol salga hasta que la luna alumbra el surco, para que en la mayoría de la edad se viva en el desamparo social.

Y con jornales que hoy llegan, máximo, a 70 pesos diarios, nunca puede el jefe de familia ahorrar unos centavitos para el futuro, pues se vive al día, y con premuras.

El gobierno, por ejemplo, apuesta a la niñez y a la adolescencia y a la juventud, y queda tan abrumado que en la política pública existe un hoyanco incuantificable para los seniles.

Cada vez, en el crucero aumenta el número de ancianos extendiendo la mano para la limosna.

Cada vez, los viejitos reducidos a vivir encerrados en su casa, esperando la muerte, sin atender las necesidades básicas, ya ni se diga en tiempo de una enfermedad.

Un pensionado dice:

Antes, mucho antes, la vida eran los amigos en el bar y en el antro. Ahora, la vida gira alrededor del médico, las farmacias, el hospital y la iglesia para encomendarse cada uno a su ser superior.

Barandal

Luis Velázquez

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