Nuevamente Mario Vargas Llosa, el peruano premio Nobel de Literatura, ha sorprendido con su última novela, “Cinco esquinas” obra polémica cuya lectura ha encontrado opiniones muy encontradas.

La obra se inicia con un episodio erótico, en el que intervienen las esposas de dos amigos: el ingeniero Enrique Cárdenas (“Quique”, para los amigos), potentado minero y personaje protagónico, y el abogado Luciano Casasbellas. Esa relación se mantendrá como tema circunstancial de fondo mientras el relato lleva a conocer el chantaje a que es sometido el ingeniero Cárdenas luego de que Rolando Garro, el director de un pasquín (“Destapes”), le presenta una sarta de fotografías en las que aparece el empresario minero en circunstancias muy comprometedoras para su reputación. Ante el rechazo a entregar el soborno, el directorcillo del semanario (¡vaya que aún siguen siendo una lacra estos seudoperiodistas que utilizan esa profesión para sus más bajos propósitos!) encarga a una mediocre reportera, Julieta Leguizamón, redacte el texto que irá acompañando a las fotografías tomadas por Ceferino Argüello, un fotógrafo de baja estofa también. Con la publicación, el escándalo se desata. El corrupto director de la revista aparece asesinado y la reportera acusa directamente al empresario, quien es detenido y sumergido en las putrefactas cloacas de los reclusorios, donde es sometido a bajezas por los reos ahí detenidos. Posteriormente, la reporterilla es llevada a la presencia de Vladimiro Montesinos, (a) el Doctor, quien es el encargado de los trabajos sucios del presidente de la república peruana, explícitamente, de Alberto Fujimori. Curiosamente (en lo personal, me parece un episodio muy obvio y poco verosímil), el terrible jefe de la “seguridad pública” le confiesa a la redactora que el asesinato de su jefecillo ha sido dictada por él, pues el periodista de marras se salió de la línea acordada al publicar esas fotografías del empresario. Y, (¡maravillosamente!) le propone ser la nueva directora de semanario a cambio de absoluta sumisión. Por supuesto, la interfecta acepta la propuesta y se convierte en una magnate del periodismo sucio. Pero, al poco tiempo (¡y nuevamente de forma inverosímil!), la reportera le despepita al fotógrafo Ceferino todo lo que le ha confesado el perverso “Doctor” y publica en el hebdomadario todo el vil entramado del asesinato del director Rolando Garro, cuya autoría material, para salvar al empresario, había recaído en el amnésico Juan Peineta, un personaje que había sido una víctima más del deleznable periodista. Como lo cuenta la historia oficial y lo repite la novela, tanto Fujimori como su jefe de seguridad serán sometidos a juicio y encarcelados. Mientras, la vida de Quique y Luciano, su abogado defensor, como la de sus respectivas esposas continuará como había sido debidamente planeada para darle el tono erótico a la novela…

Con este material se teje la historia y se denuncian los vicios que el poder ha permeado ahora peligrosamente en amplios sectores de la sociedad.

Los críticos, una vez más, se han enfrentado en relación con “Cinco esquinas”. Hay quienes dicen que esta novela es una especie de reconciliación de Vargas Llosa precisamente con la narrativa (no les gustaron las antecesoras “El sueño del celta” y “El héroe discreto”), con la tarea de un escritor de novelas y cuentos que es eso: contar, narrar, prender al lector con una historia y no soltarlo sino después de uno, dos, tres o más cientos de páginas. Llegan, incluso, a decir, que “Nadie en el mundo entiende la Novela (así, con mayúsculas) como Mario Vargas Llosa… en ‘Cinco esquinas’ estamos ante alguien que ha inventado una nueva forma de contar sus historias” (https://www.eleconomista.com.mx/20160317-0162.html). Otros críticos se han ensañado con el escritor latinoamericano al señalar que es una “vetustada”, una novela de un viejo que, a los 80 años, no tuvo nada mejor que hacer sino un relato seudoerótico, seudopoliciaco, un seudothriller, etc., etc., y lo comparan muy desfavorablemente con sus grandes obras: “La guerra del fin del mundo”, “Conversación en La Catedral”, etc.

Sea lo que fuere, cada lector tiene su opinión sobre “Cinco esquinas”, una novela lineal, fácil de leer, en la que Vargas Llosa entrevera varias historias dentro de la trama. En resumen, la obra es una clara y fuerte denuncia contra el abuso del poder, el periodismo amarillista y otras lacras de las sociedades modernas.

Lo cierto es que, se esté o no de acuerdo con Vargas Llosa en que su premio Nobel no lo iba a convertir en un fósil de la literatura y por eso se atreve a seguir escribiendo a como sabe y le da la gana, una vez más demuestra que es un “hablador”, un auténtico y fascinante contador de historias.

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Gino Raúl De Gasperín Gasperín


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