Rubén Calatayud


Un artefacto enviado por la Nasa hace cinco años llegó a Júpiter lo suficiente para proporcionar una serie de conocimientos.

Ese ha sido un éxito mayor que con su avanzada tecnología han conseguido los norteamericanos.

Recordemos otras hazañas: el arribo del hombre a la Luna, en 1969. La construcción de una nave espacial donde se estudia a las estrellas y se obtienen informes. La instalación del telescopio Hubble para observar desde la estratósfera lo que no se mira fácilmente desde la Tierra por los nublados, el polvo y el smog. La observación sobre Marte para llegar dentro de poco tiempo a pisar el planeta rojo y conocer sus secretos.

Hoy le ha tocado al hombre conseguir la llegada del artefacto hasta una distancia de Júpiter suficiente para obtener valiosos datos.

Todo eso y más nos parecía increíble y hoy ya nos maravilla; los conocimientos nos están llegando en el breve término de esta vida.

Saber del cielo y de la Tierra siempre ha sido un atrayente misterio. Julio Verne con sus novelas de fantasía incendió los ánimos de sus lectores.

El cineasta francés Meliés hizo un memorable filme: De la Tierra a la Luna; estuvo muy lejos de los aciertos de Verne pues su nave era más o menos como un ferrocarril que salía disparado hacia la Luna, donde los tripulantes encontraban seres fantásticos.

Las aventuras de Roldán el Temerario y el Dr. Zarkoff y los viajes interplanetarios de Buddy y Alura, nos llenaron de encanto en la niñez. Aparecían cada domingo en los diarios capitalinos.

H. G. Wells escribió La guerra de los mundos, que trata del arribo de seres de otro mundo a la Tierra en plan de guerra y destrucción.

Luego llegaron los Ovnis, dizque vistos por miles de personas cuyas informaciones, ciertas o falsas, secretamente guarda el gobierno americano. El tema ha sido muy aprovechado por el cine.

El extraordinario sabio Stephen Hawking desde una silla de ruedas estudia sobre el fenómeno del tiempo y del de los Hoyos negros del espacio. Un tipo extraordinario que ocupa el sitio de Isaac Newton en la Academia de Ciencias de Londres y especula, a pesar de su incapacidad física.

La ciencia actualmente ha conseguido avances notables pero todavía es el principio y, como dijo William Shakespeare a principios del siglo XVIII: “(es) tan poco hecho; las cosas que vendrán”.


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