Lilia Cenobia Ramírez


“Ante la posibilidad de una muerte próxima, Roberto dejó instrucciones de que su novela 2666 se publicara dividida en cinco libros que se corresponden con las cinco partes de la novela, especificando el orden y periodicidad de las publicaciones (una por año) e incluso el precio a negociar con el editor. Con esta decisión, comunicada días antes de su muerte por el propio Roberto a Jorge Herralde, creía dejar solventado el futuro económico de sus hijos.”

No ocurrió así, 2666 se publicó como un solo libro de 1128 páginas de la Editorial Anagrama, en 2004. Yo compré la Primera Edición mexicana de 2013 cuyo espesor, de 7.3 cm, lo flanquean rojas pastas duras y cuya Nota de los herederos del autor (el chileno Roberto Bolaño), comienza con el párrafo transcrito al principio de este texto.

Según el Blog Laberintos del tiempo, 2666 ha recibido varios premios literarios: En 2004, el premio Ciudad de Barcelona y al año siguiente, el Premio Salambó. El 12 de marzo de 2009, ganó el National Book Critics Circle Award. Otros galardones que ha recibido la novela son el Premio Altazor, el Premio Municipal de Santiago y el Premio Fundación José Manuel Lara al libro con mejor acogida por parte de la crítica especializada. Ha sido traducida al inglés, francés y al italiano entre otros idiomas.

Según el mismo blog: En una entrevista publicada en enero de 2001, en pleno proceso de creación de la obra, el propio autor se refirió a ella en los siguientes términos: “2666 es una obra tan bestial, que puede acabar con mi salud, que ya es de por sí delicada. Y eso que al terminar Los detectives salvajes me juré no hacer nunca más una novela río: llegué a tener la tentación de destruirla toda, ya que la veía como un monstruo que me devoraba.”

Roberto murió en 2003, y en sus cinco libros dejó grabada la emergencia y la crisis de la urbe latinoamericana, donde Santa Teresa (un sitio ficticio que bien podría ser Ciudad Juárez) se constituye en una ciudad maldita envuelta en el apocalipsis.

En el segundo libro, titulado La parte de Amalfitano, Bolaño pone en boca del personaje Augusto Guerra, decano de la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Santa Teresa la explicación de lo que significa la muy nuestra palabra “chincuales”: “En principio designa los puntitos rojos que dejan en la piel las picaduras de pulgas o chinches, las cuales causan escozor y la gente que las padece no deja de rascarse. Una segunda acepción, la que designa a las personas inquietas, que se contorsionan y se rascan, que no dejan de moverse y ponen nerviosos a los involuntarios espectadores que los contemplan. De esta última acepción, viene la última, que designa a los viajeros, a los aventureros del intelecto, a los que no se pueden quedar quietos mentalmente.”

Lo cierto es que la palabra chincual parece ser una de tantas voces nahuas que enriquecen nuestro idioma. En nuestra juventud, llamábamos “chincualero” a alguien muy fiestero que le gustaba estar en todas partes donde hubiera celebraciones.

En la red, alguien puso esto: “Chincualear es un vocablo propio de algunas partes del centro de México, principalmente de las ciudades donde hay población mestiza e indígena, como Cholula, de donde yo soy. Esta palabra se usa habitualmente para referirnos a estar paseando de un lado a otro sin ningún objetivo más que el de no estar encerrado. Cuando alguien le gusta estar en la calle perdiendo tiempo y paseando se le dice que “no le calienta su casa”, “se la pasa de callejero(a)” o “es un(a) chincualero(a)”.

En Respuestas de Yahoo, se puede leer: “Se trata una lesión de la piel de los alrededores del ano, consistente en un intenso enrojecimiento que puede desembocar en serias excoriaciones; la mentalidad popular atribuye dicha condición a que la madre toma seguramente mucho picante en su alimentación y a que la orina del bebé adquiere un pH inconveniente; añaden a esto la permanencia de los pañales mojados en prolongado contacto con la piel.”

Otro participante postea: Los chincuales son unos parásitos intestinales que afloran junto con las heces fecales, y quedan pegados fuera de la región ano-genital, y provocan comezón en dicha región. En la actualidad ya no son tan frecuentes como hace 30 ó 40 años cuando se bebía agua de la llave o de pozo a cielo abierto. En medicina se les conoce como “oxiuros”. El chincual; nombre derivado de la expresión “tzincualiztli” compuesta de tzintli, trasero, y de cualiztli, carcomido; significa “trasero carcomido”. 

Alguien más explica que chincual es como el coco, un ser que usaban nuestros ancestros para espantar a los niños.

2666 abre una compuerta infinita de pensamientos, ideas, conjeturas, en ella “se despliega un espacio maldito” que desencadena el enigma del mal.

Fuentes consultadas:

Scientific and Humanistic Dimensions of Language: Festschrift for Robert Lado.

2666 y la ciudad maldita de Roberto Bolaño, Manuel Villavicencio, Universidad de Cuenca.


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