Cualquier ciudad está llena de historias, y aunque estas se escriben con muchas formas de pensar, le van dando vida y siempre la ponen en el lugar que se merece, una ciudad cambia a cada instante, está en constante movimiento y se tiene que adaptar a los elementos que fluyen en ella: agua, tierra, aire y fuego, así como a las necesidades que derivan de la acción del hombre. Estas transformaciones ahora dependen en gran medida de los avances tecnológicos, hoy ya no es lo mismo estar en casa, en el trabajo, pasear, contemplar e interactuar con otros, estas actividades continúan evolucionando y requieren nuevas estrategias para atenderse, lo que ayer estaba de moda de repente ya es obsoleto, lo que antes tenía utilidad ahora nos damos cuenta que es inoperante, en un dos por tres resulta que ya está uno en el tiempo y en el lugar equivocado. Y ante esta disyuntiva, nos toca a los ciudadanos responder a los desafíos que se nos van presentando.

Y no hay de otra, quien vive en la ciudad tiene que enfrentar nuevas exigencias y acoplarse a la globalidad y al frenesí de un mundo que cada día está más hiperconectado. La comunicación comienza a modificar esquemas de vida en forma radical, ahora se habita y se trabaja a distancia gracias a las múltiples conexiones y redes virtuales, ya no hay fronteras al interior de las ciudades. El fenómeno de la fragmentación emerge y aparecen nuevas figuras urbanas como el asentamiento de los grandes centros comerciales que han llegado a desplazar los paseos familiares que por tradición se hacían en las áreas del centro de la ciudad, hoy, las ciudades del mañana requieren contar con la instalación de parques especializados en actividades industriales, médicas y mercantiles.

La ahora llamada sustentabilidad que todos pregonan y defienden pero que la mayoría ignora en su verdadero significado, se tiende a todo lo ancho de la ciudad para exigir un replanteamiento y lograr el equilibrio de las diversas formas de vida que coexisten entre nosotros, ya no queremos sólo ciudades verdes, sino ciudades que aprendan a reverdecer. Bienvenidos los ciudadanos que se preocupan por el futuro de la ciudad, aquellos que siempre están atentos y muestran interés, participan y aportan ideas, critican pero también son propositivos, ahí está nuestra ciudad, esperando que no la dejemos sola.

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ARQ. ABEL COLORADO SÁINZ


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