* Caso empresas fantasmas

* El notario, un fedatario


Pasamanos:

A primera vista se le puede llamar terrorismo. Incluso, terrorismo de Estado. Terrorismo desde el poder político.

Y es que desde la Yunicidad cacarean el aviso de que la concesión de notarías públicas será revisada con lupa.

Y lo indicativo, tanto las notarías otorgadas por Javier Duarte, el prófugo de la justicia desde hace 54 días, como por el cónsul de Enrique Peña Nieto en Barcelona, Fidel Herrera Beltrán.

Pero, bueno, la ley de notarías lo contempla.

Y en tal caso, pueden revisar la historia de cada despacho notarial desde, digamos, Rafael Hernández Ochoa, y/o en todo caso, y como mera referencia legal, desde Guadalupe Victoria, el primer gobernador de Veracruz en 1824, y quien, además, también ejerciera el poder durante sólo dos años.

Y más, porque el notario público es un fedatario del gobierno.

Y más, porque también es un coadyuvante del fisco.

Y más, porque según la ley, dan fe tanto de los hechos privados como públicos.

Y por añadidura, siempre la ley por delante, aun cuando suelen darse desvíos, como el caso de las empresas fantasmas creadas por Duarte y que según el primer Contralor del duartismo, Iván López Contreras, fueron unas seiscientas.

Y aun cuando algunos notarios se explican y justifican diciendo, en el caso, que ellos actúan de buena fe ante el cliente, la realidad es otra.

Según la ley, ante cualquier cliente (hombre, mujer o fantasma), el notario está obligado a certificar todas y cada una de sus acciones ante diversas instancias.

Una, el SAT, Sistema de Administración Tributaria. Dos, el Registro Federal de Electores. Tres, el registro y la identidad de las empresas ya formadas y/o a constituirse ante todas las dependencias correspondientes, y la máxima, que es la secretaría de Relaciones Exteriores, donde han de reportarse tales tipo de movimientos.

Y cuatro, checar las declaraciones fiscales de las personas solicitantes de sus servicios.

Y es ahí, donde, y como mera hipótesis, algunos notarios de Veracruz cometieron deslices.

Ahora, porfis, que nadie “se cure en salud”, empezando por el ex director de Notarías, Raúl Ramos Vicarte, uno de cuyos hijos avaló las empresas fantasmas.


Balaustradas:

La fama pública registra, por ejemplo, que el góber fogoso otorgó el doble de notarías que existía en su momento.

Así, benefició tanto a los hijos de los notarios, por ejemplo, como a un montón de políticos, pues el número de concesiones rebasó las cien.

Hacia el final del duartismo, el prófugo dejó pendientes un aproximado de 23 (veinte vacantes, más, oh paradoja, tres de reciente creación) y parece (todo parece) que a Flavino Ríos Alvarado, el góber interino, le faltaron días para proceder.

Incluso, hasta dejaría pendiente la notaría ultra contra súper ofrecida a la ex diputada local, Belén Fernández, quien aceptara, por cierto, el nombramiento como delegada de la secretaría General de Gobierno durante apenas, apenitas, 18 días, siguiendo la historia de Pedro Lascuráin, quien sólo fue presidente de la república durante 45 minutos, tiempo suficiente para asumir el poder luego del asesinato de Francisco I. Madero y José María Pino Suárez y entregar el mando a Victoriano Huerta, “El chacal”.

La lupa, entonces, del góber azul será sobre las notarías para comprobar si cada uno cumplió en tiempo y forma con los requisitos (convocatoria pública, acta del examen notarial, expediente completo, etcétera), y “quien esté libre de culpa” (Enrique Peña Nieto) que viva los días sin ninguna preocupación.

Y ninguna, porque aun cuando en la versión popular las notarías son entregadas fast track, por dedazo, tanto a los amigos como a las amantes en turno, resultaría difícil comprobar el tráfico de influencias, aun cuando, claro, desde la cúpula del poder nada resulta difícil.


Escaleras:

El fogoso sembró el desorden cuando repartió notarías como volantes en el mismo tiempo que triplicó las concesiones de taxis.

Por ejemplo, de pronto, en pueblos rurales, incluso, indígenas, aparecieron hasta dos notarias abriendo oficinas, cuando, caray, la potencialidad económica de tal demarcación resulta un espejismo.

Pero como la notaría permite chambear en tal región y extrapolar funciones a través, digamos, de las relaciones amicales y el cabildeo, entonces, unos y otros se invaden. Es más, a partir del momento inició una reñida y atroz competencia y rivalidad entre la mayoría que obligara a bajar los honorarios.

Un notario, Gustavo Arróniz Zamudio, dos veces presidente municipal de Cosamaloapan, diputado local, delegado de la secretaría de Educación Pública, maestro de Ética y Filosofía en la preparatoria de su pueblo, notario en el fidelato, lo expresaba así:

“Sólo a los notarios pendejos les está yendo mal, porque a mí, a toda madre”.

Y es que en el arte de vivir, Arróniz Zamudio (destronado del poder caciquil por Juan René Chiunti), agarra su camioneta para andar puebleando en la Cuenca del Papaloapan, y en un recorrido regresa con las alforjas llenas de mariscos para un mes completito, sin preocuparse del itacate en la vida cotidiana.

Y así, es feliz.

Filosofía de vida, pues, donde el dinerito que vaya cayendo en la notaría es bendición de Dios.

La lupa de la Yunicidad está en las notarías. Y el calambre está por originar un paro cardiaco fulminante.


Barandal

LUIS VELÁZQUEZ


Los comentarios y puntos de vista expresados en esta página son cortesía y responsabilidad de quien los escribe, además de que no representan necesariamente el punto de vista de Sociedad Editora Arróniz