Ciudad de México .- Tras su renuncia en febrero de 2013, Benedicto XVI aseguró que viviría apartado del mundo, y en muy pocas ocasiones ha roto su silencio.

Pero en los últimos días se han conocido dos libros-entrevista en los que por primera vez el Papa emérito confiesa ampliamente los detalles de su decisión.

Uno de ellos es, en versión italiana, "Ultime conversazioni" ("Últimas conversaciones"), a la venta mañana a nivel mundial y escrito por el periodista alemán y biógrafo del Papa emérito, Peter Sewald.

Benedicto XVI reconoció en él que le ha ido mejor como maestro que como líder, al revelar que a veces tuvo dificultades para tomar decisiones durante su tiempo a cargo de El Vaticano.

No obstante, el religioso de 89 años dijo que no consideraba un fracaso sus ocho años a la cabeza de los mil 200 millones de católicos alrededor del mundo, y dijo que al menos tuvo éxito al desbaratar el llamado grupo de cabildeo gay del Vaticano.

En esta ocasión, el Papa emérito reflexiona sobre sus ocho años de pontificado, sobre cómo va aceptando la muerte, sobre sus pensamientos sobre el Papa Francisco, o el contexto en el que presentó su renuncia como sucesor de San Pedro, según algunos extractos publicados hoy por el diario italiano Corriere della Sera.

"El texto de la renuncia lo escribí yo. No puedo decir con precisión cuándo, pero como máximo dos semanas antes. Lo escribí en latín porque una cosa tan importante se hace en latín", dijo.

En 2013, Benedicto XVI sorprendió al mundo y a la Iglesia Católica al anunciar su renuncia al papado, algo que no ocurría desde Celestino V en 1294.

Su decisión fue una acción serena y meditada, libre de presiones y fruto de un estado de ánimo pacífico que le permitió pasar tranquilamente el timón a su sucesor, aseguró.

Tampoco fue consecuencia de una desilusión o a algún tipo de coacción, según Benedicto.

"No lo habría permitido, ni hubiera renunciado al pontificado si hubiera estado bajo presión", insistió.

En otro de los capítulos, recuerda sus años al frente de la Iglesia Católica y hace autocrítica al admitir que una de sus debilidades fue la poca determinación que tuvo en algunas ocasiones a la hora de Gobernar y tomar decisiones.

Sin embargo, aunque acepta que el Gobierno práctico no es su fuerte, no considera que su etapa al frente de la Iglesia católica sea un fracaso pues, durante ocho años, desempeñó una labor al servicio de esta institución.

"Uno de mis puntos débiles es quizás la falta de resolución al gobernar y tomar decisiones. En realidad soy más un maestro, una persona que reflexiona y medita sobre aspectos espirituales.

"Hubo momentos difíciles, basta pensar, por ejemplo, en el escándalo de la pederastia, el caso Williamson o incluso el escándalo del VatiLeaks", reconoce.

Benedicto XVI hace así memoria de polémicas como la que provocó el Obispo británico Richard Williamson, quien en 2009 negó el Holocausto judío y la existencia de las cámaras de gas, lo que puso en pie de guerra a la comunidad judía internacional.

Ese mismo año, Benedicto XVI levantó la ex comunión que pesaba sobre Williamson desde 1988, sin conocer su negacionismo, una acción que causó notable revuelo internacional.

El Obispo había sido ex comulgado por Juan Pablo II, después de ser ordenado por Marcel Lefebvre (el más destacado representante del tradicionalismo católico) sin mandato pontificio.

También revive los escándalos de pederastia, de cuya existencia era consciente (días antes de ser elegido Papa denunció la suciedad y la soberbia de entre los que por su sacerdocio deberían estar entregados al Redentor), aunque nunca pensó que pudieran ser tantos.

Y VatiLeaks, el escándalo sobre la divulgación de la correspondencia privada de Ratzinger en 2010.

Pero no sólo hubo momentos arduos, sino que también enumera éxitos como la ruptura de un "lobby gay", formado por unas cuatro, quizá cinco personas.

La existencia de este grupo de prelados homosexuales -que supuestamente promovían y defendían sus intereses mediante la extorsión- ha sido elevada a la categoría de mito en la prensa italiana, sobre todo desde que Benedicto creó una comisión de tres cardenales para investigar la filtración de sus papeles en 2012.

Seewald preguntó si semejante camarilla existió en realidad.

"En efecto, me señalaron la existencia de un grupo, entretanto lo hemos disuelto'', dijo Benedicto.

A lo largo de sus francas confesiones dirige su mirada a Francisco para conceder que no había pensado en él para sucederle y que su elección fue una gran sorpresa.

De Jorge Bergoglio agradece las atenciones recibidas a lo largo de sus ya tres años como Pontífice y admira, por ejemplo, que sea "n hombre de reforma práctica, con capacidad para meter mano a las acciones de carácter organizativo.

A sus 89 años -cumplirá 90 en abril-, Ratzinger se encuentra en una etapa de su vida en la que ya se prepara para la muerte, teniéndola siempre presente y consciente de que toda la vida tiende al encuentro con Dios, narra.

Sewald ya ha publicado otras tres conversaciones con Joseph Ratzinger, dos cuando era cardenal y otra cuando era Papa.

"Últimas conversaciones" no es el único libro-entrevista sobre Benedicto XVI que se conoce en las últimas semanas, pues el 30 de agosto salió a la venta "Servitore di Dio e dell'umanità" ("Servidor de Dios y de la humanidad"), del italiano Elio Guerriero.

En este volumen, Ratzinger explica que la decisión de renunciar al papado comenzó a asumirla tras su viaje a México y Cuba en marzo de 2012, donde comprobó los límites de su resistencia física y tomó conciencia de que no podría soportar un viaje a Brasil en verano de 2013 para asistir a la Jornada Mundial de la Juventud.

Y habla de Francisco, con quien reconoce que le une un sentimiento de comunión profunda y de amistad.

Con información de EFE, AP y Reuters

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