Chía, Colombia.- "Hola, mi nombre es Pink Floyd. ¿Está su hija?", pregunta un veinteañero a un lado del teléfono. "No está", responde un enojado padre. "Salió con Led Zeppelin", sentencia, antes de colgar repentinamente.

No era una broma telefónica, el joven, por inverosímil que pareciera, dijo la verdad.

El nombre registrado en su cédula de identidad es el de la célebre banda de rock, y ése es sólo el primero, el segundo es "Flash"; sí, como el del veloz superhéroe de traje rojo.

Pink Floyd Flash tiene 27 años vive en Chía, una pequeña localidad a unos pocos kilómetros de Bogotá, donde comparte "guarida" con Batman, su hermano de 25 años. Él también puede demostrar, con sólo enseñar su documento de identidad, que se llama como el hombre murciélago.

Son los "superhéroes de Chía", dos hermanos que recibieron una educación muy especial: pudieron elegir su nombre.

"La gente cree que les estamos molestando cuando les decimos nuestros nombres, pero luego los leen en la cédula y se lo tienen que creer", dice Batman, divertido.

Tienen, por supuesto, mil anécdotas; el hermano menor llevó un día a uno de sus perros, Jesús, a un veterinario.

"En la ficha de registro, el especialista me había inscrito como Jesús, y le puso mi nombre al perro", rememora Batman.

El joven es un reconocido activista por los derechos de los animales, creó una fundación llamada Pata, para rescatar perros y gatos y luchar contra la tauromaquia.

Ambos hermanos dedican la mayor parte de su tiempo a un taller de cerámica anexo a su domicilio que da sustento a toda la familia.

La "culpa" de que tengan nombres tan peculiares es de Roberto Camargo, su padre, y pintor de profesión, quien decidió que los niños tenían que elegir cómo llamarse.

"Finalmente salió bien, porque imagínese, Batman al principio quería llamarse 'la Sirenita'", desvela el progenitor mientras suelta una carcajada.

Y no es la única libertad que le dio a sus hijos. Ellos también pudieron elegir sin ningún tipo de impedimento su identidad sexual (son heterosexuales), su religión (ninguno es un fervoroso creyente) y su profesión.

La educación especial de Batman y Flash empezó desde el mismo día en que nacieron, cuando Roberto se negó a meterlos en una cuna.

"Esa es la primera cárcel. Es una cama con barrotes", reflexiona el padre.

La segunda prisión, para él, fue el colegio.

"La escuela me traumatizó. Es un régimen militar. No lo pasé bien".

Batman y Pink Floyd Flash sólo pisaron un día su centro educativo. Llevaban el pelo largo y algunos niños crueles los llamaron "niñas". Los hermanos acabaron en el despacho del director tras pelearse y no volvieron.

"Aquí les enseñamos a leer, y después ellos investigaron por su cuenta, a través de internet. El trato era una hora de porno por cada cuatro de investigación", afirmó Camargo.

Funcionó, Pink Floyd fue, según el progenitor, quien se tomó más en serio el estudio, aunque Batman no se quedó atrás.

Ingresó hace poco en la universidad, donde estudia ingeniería de alimentos. Tuvo que pasar la prueba de Bachiller para poder ingresar. Salió en el puesto 69 de un total de mil.

"Lo que la mayoría tarda 11 años en conseguir, a mí me costó dos horas", asegura el joven.

"Claro que tenía miedo de que dándoles tantas libertades se fueran a descarriar, pero la verdad es que ha resultado todo lo contrario. No son ladrones, no son mariguaneros, han estudiado, trabajan y hacen cosas buenas por la comunidad", dice orgulloso Roberto, a quien sus hijos no llaman papá, sino tío. Otra curiosidad en una familia muy especial.

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