Tres esculturas del siglo 19, fueron retiradas ayer de la cúspide de la Catedral Metropolitana debido a su debilitamiento tras los sismos de septiembre.

Ciudad de México.- "¿Va a caer la iglesia?", preguntaban los transeúntes, obligados a frenar el paso por las cintas amarillas que restringían la circulación frente a la Catedral Metropolitana. El despliegue de grúas, montacargas y hombres y mujeres con casco y chalecos inducían a pensar en un desplome, pero cuando levantaban la vista descubrían que, más bien, se trataba del rescate de La fe y La caridad, esculturas de Manuel Tolsá que coronaron, desde 1813, la fachada central del recinto religioso junto con La esperanza, derribada por el sismo del pasado 19 de septiembre. Las tres forman las virtudes teologales, aquellas infundidas por Dios en el alma de los fieles.

El personal de la Policía Auxiliar, atento más a la custodia del sitio que a las labores en la cúspide, respondía que sí, que sí caía el templo; que sí, que lo rescataban; que sí, que retiraban las esculturas; que no, que nadie podía pasar.

"¡Pan y circo!", protestó un hombre. "¿Ora por dónde voy al metro Zócalo?", preguntaba otro. "Compermiso", urgía un vendedor de pósters de Frida Kahlo, Emiliano Zapata, los Beatles y el Ché Guevara mientras apartaba a los mirones porque le tapaban el puesto.

Las maniobras para el retiro de las esculturas, a cargo de la empresa CAV Diseño e Ingeniería, se prolongaron alrededor de 10 horas horas, desde las 8 de la mañana que se estacionaron las grúas fuera del atrio del templo hasta pasadas las 6 de la tarde. Antes de que la noche cubriera de sombra la Ciudad, descendió La fe.

Con un peso de 2 toneladas 800 kilos cada una, debieron desmontarse porque el terremoto produjo desplazamientos -sobre todo en la segunda- y podían caer, explicó el titular de Sitios y Monumentos de la Secretaría de Cultura, Raúl Delgado.

Hacia las 11 de la mañana fue cerrada la circulación y comenzó el desfile de transeúntes intrigados. Incluso una mujer abandonó el restaurante de un céntrico hotel para acercarse al movimiento de "hormiguitas" que divisaba desde su mesa.

La caridad, primera en bajar, fue cubierta durante 2 horas y media con unos 10 metros de eslingas, bandas de poliéster y fibra de carbono, suaves a la vez que resistentes para sujetar la pieza sin dañarla. Parecía que la vendaban; lo mismo ocurrió con La fe, pero los tiempos se redujeron.

"El mayor desafío al bajarlas es el peso de las esculturas, porque al momento en que las jalas con la grúa pueden pegar con algo. Lo más fácil hubiera sido cargarlas de la parte posterior, pero de ese modo cambias el centro de gravedad y eso es muy peligroso; podía (el movimiento de la escultura) tirarnos el andamio, con todos arriba, entonces diseñamos un sistema en el que el centro de gravedad no cambiara, para que bajara derechita", explicó Liliana Olvera, restauradora de CAV Diseño e Ingeniería.

Aunque con fisuras, polvo y hongos, entre otros afectaciones, la buena conservación de la piedra -que requirió estudios para evaluar su resistencia- permitió efectuar la maniobra sin problema, aseguraron tanto la especialista como Delgado.

Las tres obras, resguardadas ahora en el edificio curia, serán restauradas, informó Delgado. Un órgano colegiado determinará si colocan réplicas en la fachada o se reinstalan las originales, reforzadas.

Representantes de la iglesia, por su parte, exploran la posibilidad de mostrarlas antes de la restauración, para que el público las admire de cerca por primera vez en más de dos siglos.

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