A sus 17 años, Tania (nombre ficticio) sabe la responsabilidad que implica el tener que trabajar y velar por la seguridad de otra persona, “mi vida cambió”, dice.

A penas se encuentra terminando la preparatoria y ya tiene más de un año como vendedora en una tienda del centro de Orizaba; Tania aún mantiene el deseo de ser alguien en la vida y de poder darle lo mejor a su pequeña.

Asegura que un hijo no es un impedimento y que le ha tocado madurar rápido porque su hija la necesita.

“Yo no me arrepiento de haberla tenido, siempre pienso que fue una decisión valiente porque merecía vivir. Tenerla es lo mejor que me ha podido pasar. Yo sólo deseo que ella pueda tener todas las oportunidades que quizá yo ya no tenga”, dice.

Manifiesta que lo más difícil del embarazo fue contarle a sus papás y pedirles su apoyo, al menos para que “no me corrieran y me permitieran quedarme para criar a mi hija”.

Sin embargo, ellos han sido su estandarte y su apoyo, aunque le exigen que trabaje porque la bebé es su responsabilidad.

Tania confiesa que estos dos años no han sido fáciles. Ya no piensa en salir al café o en comprarse ropa porque su hija es su mundo y todo es para ella.


Jacqueline Aviléz

El Mundo de Orizaba