II Jéssica Ignot

EL MUNDO DE ORIZABA


Despojarse de miedos y tabúes puede salvar la vida.

Laura Jiménez Hernández fue diagnosticada con cáncer de mama en etapa 1, lo cual propició que su esperanza de vida aumentara considerablemente. Ella enfrentó el cáncer con una gran ventaja: fue detectado de manera oportuna.

En diciembre de 2015 le diagnosticaron el cáncer. Ella se sintió una bolita en el seno y acudió al área de Fomento a la Salud, donde le mandaron hacer un ultrasonido y mastografías. Al principio los médicos no estaban seguros de lo que tenía, creían que era sólo fibrosis, pues en una cirugía como secuela del padecimiento que tiene, le dejaron un pedazo de cartílago en el seno izquierdo para una cirugía posterior.

“Siempre que me hacía mi mastografía de control, les avisaba que tenía ese pedazo de cartílago, que era un cuerpo extraño a la mama. Cuando me estaba haciendo los estudios para la detección de cáncer, creían que era fibrosis a consecuencia de eso”, comentó.

Gracias a que ella conoce su organismo, estuvo insistiendo en que esa bolita no era algo normal en su cuerpo, además de que en un mes ésta fue creciendo, es por ello que al insistir, fue canalizada con el oncólogo, quien la revisó y le dijo que esa bolita no le gustaba; fue sometida a una biopsia y ahí le detectaron el cáncer de mama.


Detección

oportuna

“Gracias a Dios se detectó oportunamente, en primera etapa. Esa biopsia se mandó analizar a México y me hicieron después una ampliación de los márgenes, hicieron un corte más, sacaron todo el tejido canceroso y el resultado salió negativo, ya había sido extirpado el mal”, comentó.

Debido a que sólo le cortaron una parte del seno, ella fue sometida a radioterapias, 25 sesiones, como de manera profiláctica, para que si había por ahí una célula maligna, quedara erradicada.

“Cuando te dicen que tienes cáncer sientes que se te cae el mundo encima y yo me dije: ¿A mí me pasó esto? Es uno personal de Salud y a veces crees que estás exenta de estas enfermedades, yo pensaba que si algún día me daba cáncer me iba a dar de viejita, no a mi edad. Cuando me dijeron me sentí muy deprimida, el primer día lo tomé muy serenamente, pero al día siguiente si me devasté, me sentí deprimida, lloré mucho”, comentó.

Afortunadamente ya pasó esa etapa aunque aún está en vigilancia, ella se está cuidando y continúa con el tratamiento que le ha proporcionado el médico.


“Debe una quererse”

“Una debe de empezar a quererse, es importante que nos despojemos de los miedos y las penas, acudir a revisión cada año, no dejarse, hacerse esas detecciones oportunas para que no pasen todo el calvario de muchas pacientes que están recibiendo radioterapia o quimioterapia, o de quienes les hacen la extirpación de toda la mama y los ganglios, eso es mucho más delicado porque a veces se convierte en metástasis”, comentó.

El apoyo de la familia es fundamental en un proceso tan duro y difícil, pues sentirse querida y acompañada, siempre les levanta el ánimo.

La radioterapia, dice, es algo muy doloroso. Ya que ella, la primera sesión, le pusieron el brazo en una posición incómoda, con un plumón le van marcando los puntos, debido a que estuvo en una posición incómoda por un tiempo considerable, al bajar el brazo, cuenta, fue un dolor muy grande.

“A mí nadie me dijo que cuando bajara el brazo debía hacerlo poco a poco. Yo bajo mi brazo y se te cae, pensé que dominaba el movimiento y se te cae el brazo, pues lo tenía entumido, y hasta la fecha me duele, además uno asocia el movimiento con el dolor y hasta la fecha es doloroso”, comentó.

Ahora que veo a los pacientes que se van a la radioterapia, les ayuda dándoles tips de cómo deben de bajar el brazo “para que no sientan ese dolor tan fuerte que yo sentí, pues a mí nadie me dijo que sería así de doloroso”.