En nuestro país, al menos 219 personas mueren cada día por diabetes y/o sus complicaciones. Según datos de la Secretaría de Salud, el 14% de los adultos en México tiene diabetes y se estima que podrían ser 80 mil muertes por año por esta causa.

Muchas de estas muertes, además de ser prematuras, son precedidas por un periodo largo de discapacidad severa y costosa.

Se ha estimado que la esperanza de vida de individuos con diabetes se reduce entre 5 y 10 años.

La diabetes es la primera causa de ceguera prevenible en el adulto en edad productiva, la primera causa de insuficiencia renal terminal, la primera causa de amputaciones no traumáticas y la principal causa de infartos al miocardio, revela la doctora Rosario Pacheco.

Ceguera, amputaciones, falla renal, neuropatía, pie diabético, ateroesclerosis y la muerte son de las consecuencias más graves en un paciente que tiene diabetes y no se controla.

Nuestro país ocupa el sexto lugar mundial en número de personas con diabetes, el primer lugar en mortalidad en América Latina y el tercer lugar en el mundo, según datos de la Secretaría de Salud.

La diabetes es una enfermedad crónica de causas múltiples. En su etapa inicial no produce síntomas y cuando se detecta tardíamente y no se trata adecuadamente ocasiona complicaciones de salud graves, señala la especialista.

La diabetes aumenta el riesgo de cardiopatía y accidente vascular cerebral. Otras complicaciones son: retinopatía, falla renal, amputación de las extremidades inferiores y muerte prematura.


La punta del iceberg

La diabetes mellitus puede ser la punta del iceberg de múltiples padecimientos de trasfondo como obesidad, hipertensión, dislipidemia, que son muy frecuentes.

El nutriólogo Roberto Mateos explica que el tratamiento se divide en tres partes: el medicamento, la dieta sin azúcar para el control y el ejercicio.

“Si el paciente cumple con esas tres partes del tratamiento, es mucho más fácil que tenga un buen control”, explica.

Cuando se tiene un problema de prediabetes o que la glucosa ha subido más de los normal, dijo, es importante evitar comer alimentos con azúcar, principalmente panes, refrescos, jugos.

Si todavía no se tiene la enfermedad y se quiere prevenir que la glucosa suba, es importante que se lleve una dieta balanceada y saludable en donde se incluyan verduras y frutas y no haya un exceso de harinas.

“Pero también es importante que hagamos actividad física”, comentó.

Pero si el paciente ya es diabético, necesita quitar por completo los alimentos dulces, incluyendo algunas frutas y la miel. Y es cuando el paciente se vuelve diabético, su organismo ya no le permite controlar los niveles de glucosa y debe evitar los alimentos dulces.

El problema con los pacientes que son prediabéticos, es que no se controlan con el consumo de azúcar.

“Un paciente cuando es diabético y le sube la glucosa se da cuenta porque se siente mareado, le duele la cabeza y le da mucho sueño, pero las personas que no somos diabéticos y nos sube la glucosa no nos damos cuenta, por lo que podemos pasar mucho tiempo consumiendo esos alimentos y cuando por alguna razón se desencadena la enfermedad está avanzada y será más difícil el control”, comentó.


Ejercicio y buen comer

Indicó que es importante que el paciente haga ejercicio, pues aun cuando se ponga su insulina o medicamentos si no realiza actividad física no puede tener un control óptimo. Con 30 minutos de caminata es suficiente ejercicio.

Los alimentos que ayudan a bajar los niveles de glucosa, ya sea en una persona prediabética o ya diabética, son aquellos que tienen una buena cantidad de fibra, por ejemplo, todo tipo de verduras, las frutas que se comen con cáscara, también se recomienda usar alimentos integrales, no tanta harina.

Un ejemplo de un menú que cumpla con las características es el Plato del Bien Comer, pero que sea sin azúcares; es un guisado de pollo al que se le puede incluir suficiente salsa, comer un poco de frijoles hervidos, no guisados, tortilla, arroz y agua de fruta natural sin agregarle azúcar.



Jéssica Ignot

El Mundo de Orizaba