II Jacqueline Aviléz

El Mundo de Orizaba


“La Casa del Migrante no debió desaparecer. En ningún momento el arzobispo Hipólito Reyes Larios debió cerrarla, pues con esta acción negó la protección de los migrantes” que estaban siendo víctimas de desapariciones, extorsiones y homicidios.

Así lo señaló el padre Alejandro Solalinde Guerra, previo a su presentación del libro “El Reino de Dios: ¿Por qué es necesario un replanteamiento radical de la vida?”, donde recalcó que la Iglesia católica y la jerarquía eclesiástica no están a la altura de la tragedia que vive México.

“La verdad que fue una cobardía del clero pero la otra parte es el por qué no la volvieron a abrir esa casa que era de todos los migrantes y que los católicos alemanes la dieron para ellos”, dijo.

Resaltó que habló con el anterior obispo, Marcelino Hernández Rodríguez, cuando tomó posesión y que le insistió que tenía que “devolver la casa de los migrantes porque de ahí dependían sus vidas, pero no lo hizo”.

“Yo les insisto en un hecho que es una vergüenza: ¿No es cierto que Fidel Herrera Beltrán fue padrino de los obispos de Veracruz cuando la Diócesis cumplió 100 años? Estas situaciones son grotescas porque Jesús no mando a los obispos para tener una convivencia de poderes con el gobierno... Aquí estamos hablando de algo que nunca hubiéramos imaginado: México es el único país del mundo que tiene esta situación de fosas porque aquí los matan, los desaparecen y los meten en estos hornos que están hechos para esto”, afirmó.

“ Los obispos saben todo esto... ¿Conocen algún pronunciamiento sobre desapariciones? Estamos viendo por donde quiera fosas y los pastores pareciera que no vieran nada”, agregó.