Érika comentó que a la edad de 14 años, cuando cursaba el tercer año de secundaria, resultó embarazada, esta noticia para ella fue difícil de enfrentar, ya que no estaba en sus planes convertirse en madre.

Primero, enfrentar la situación económica fue difícil, ya que su pareja no tenía empleo y no contaban con un hogar para recibir a su bebé, tuvo que vivir con sus suegros y, pese a sus ideales, tuvo que acoplarse y respetar la forma de vida de quienes formarían parte de su familia.

La consecuencia inmediata de sus actos además de enfrentar la cuestión económica, se sumó el tener que abandonar la escuela, esto fue difícil de asimilar, ya que Érika era destacada alumna con promedio de 9 y 10; dejar la escuela le provocó depresión, pues comenta que cuando veía a sus amigas, despertaba en ella una sensación de dolor y tristeza por no haber continuar con sus estudios.

Érika mencionó que tener que aceptar su realidad conforme su hija crecía se convirtió en una responsabilidad con cargas difíciles de llevar, pues ahora en lugar de salir con sus amigos, comprarse ropa, zapatos o estudiar para los exámenes, tenía que atender a su bebé, comprar lo necesario para su pequeña, todo esto despertó en ella una sensación de rechazo por el presente que vivía.

Asegura que en su hogar la vida fue difícil desde que sus padres se separaron, pues para sostener a la familia su mamá tenía que salir a trabajar y debido a esta situación ella pasaba mucho tiempo en la calle.

Destaca que la suma de no recibir la atención suficiente en casa, el pasar mucho tiempo en la calle, además de que no recibió educación sexual desde temprana edad, y demás factores, contribuyeron a la búsqueda de querer experimentar sin medir las consecuencias de sus actos.


Yamilet Gámez

El Mundo de Orizaba