Un tres por cero adverso pavoroso servido a la mesa navideña del Real Madrid por la mano depredadora del propio Grinch, el enemigo acérrimo de las fiestas decembrinas, y por las extremidades inferiores, en este caso, superiores, del rival de los merengues por antonomasia, el propio Barcelona.

Todo eso en la propia cancha del Santiago Bernabeú, por lo cual ya nos imaginamos cómo rodaron las lágrimas a punto de la congelación, que de tanto caer, provocaron cascadas e icebergs de tamaños prodigiosos y monstruosos, más o menos de la dimensión de aquel que le abrió un boquete al buque que estaba considerado como el mayor y mejor del mundo, el Titanic.

Maneras distintas de pasar las navidades por parte de los dos equipos mas poderosos del mundo.

Por un lado el Barcelona descorchando botellas de champaña, para el doble brindis que en la Noche Buena se dio sobre su mesa de porcelana pura, uno festejando por adelantado el título de Liga que ya lo tiene a doble y triple llave, y el otro, claro está, sirviendo para desearse la más feliz de las Navidades de los últimos tiempos, abundando las castañas y los pavos rellenos casi con oro, zafiros y diamantes.

Y las sobras para el Madrid, tal vez escondida una que otra botella de Sidra El Gaitero, para remojar el gaznate casi seco por causa de la derrota aplastante, no teniendo el menor de los apetitos los seguidores del actual campeón mundial de clubes, que trayendo el máximo título a nivel clubes de tierra de los Emiratos Arabes, se quedó totalmente desnudo presentando ante su público y afición, simples harapos cobijando un escudo inmortal.

Con 14 puntos de ventaja sobre el Real Madrid, todo ya parece definido en los caminos totalmente abiertos hacia la consecución de un nuevo título de Liga, transitando los catalanes en franca y veloz autopista.

No siendo nada nuevo las cuerizas que ha recibido el Real Madrid en su casa por parte del Barcelona, habiendo existido marcadores como aquel dado en la temporada 2008-2009 cuando los azulgranas los hicieron cachitos seis goles por dos, aunque Ripley ni Santiago Bernabeu lo creyeran.



Tomás Setién Fernández


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