Cooperstown, EU.- Ken Griffey Jr. y Mike Piazza no ganaron una Serie Mundial, pero sí dejaron un gran legado.

El jardinero de los Marineros y el receptor de los Mets fueron inducidos ayer al Salón de la Fama, gracias, principalmente, a sus números a la ofensiva, pero también por la empatía que tuvieron con los fanáticos.

Griffey Jr. fue ícono a seguir por su material ofensivo y su luminosidad en la pradera central, factores expuestos desde muy joven que lo llevaron a convertirse en el primer elegido en el draft de 1987.

El único marinero en Cooperstown produjo mil 836 y atizó 630 jonrones, que lo catapultaron al sexto sitio histórico.

"Estoy demasiado emocionado por estar aquí, no tengo palabras para describir todo lo que siento en estos momentos, sólo quiero decir gracias a todos", expresó "The Kid", que ganó 10 Guantes de Oro.

"Su amor por el juego ayudó a definir una nueva era en la popularidad del beisbol", dice parte de su placa.

Piazza fue un jugador inamovible en Nueva York, gracias a sus bambinazos; sumó 427, de los cuales 396 fueron como cátcher (récord).

Sin embargo, el más importante fue conocido como el "Healing Home Run" (El jonrón sanador), ya que fue el primero después de los ataques a las Torres Gemelas del 11 de septiembre, con el que acrecentó el apego con los metropolitanos, quienes vieron ayer al segundo con su franela entre los inmortales, tras Tom Seaver.

"La fe de mi padre en mí solía ser más grande que la mía, y es el factor más importante por el que me exaltan al Salón de la Fama. Gracias, papá. Lo hicimos. La carrera ha concluido", expresó Piazza.

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