Agencias


La corneta resuena en la base militar del Ejército brasileño en el barrio de Urca, una de las zonas más exclusivas de Río de Janeiro, donde comienzan a llegar sargentos, capitanes y soldados rasos que, en lugar de trajes de combate, lucen ropa deportiva de última generación, pues integran la delegación de atletas castrenses que lucharán por medallas en los Juegos Olímpicos.

El equipo brasileño olímpico eligió un fuerte militar como su base de entrenamiento y de operaciones durante los Juegos y no es casualidad, ya que el país apostó por la combinación de talento deportivo y disciplina castrense para lograr entrar en el grupo de los diez países con más medallas en los Juegos.

“Un 30 por ciento de los atletas brasileños clasificados para estos Juegos son militares”, explica el vicealmirante Paulo Martino Zuccaro, director del departamento del Deporte Militar en el Ministerio de Defensa.

Ello supone, que de los 465 clasificados en el llamado “time Brasil” 143 son militares de las Fuerzas Armadas locales.