Napoleón contra Thor, o lo que es lo mismo en una cancha selecta de fútbol, de esas que producen los mejores encuentros del universo, Francia contra Alemania, juego selecto que servirá para constatar cual de las dos selecciones pasa a la gran final de la edición actual de la Eurocopa, rivalizando este encuentro con cualquier partido de copa del mundo, por lo cual a esperar dicho duelo como una real final así se este todavía a unos pasos de la misma.

Dos selecciones lo debidamente acostumbradas a tomar a borbotones la champaña del centro de las copas de puro oro, o en el debido de los casos con la mejor plata adornándolas, teniendo tres conquistadas el paso teutón y un par el baile a veces de puntitas de los franceses, pareciendo llegar a la gran cita un poco mejor la del gallito, cuyo último partido goleando a la mártir Islandia, le sirvió tanto para recobrar la puntería, como para solidificar todo lo relacionado con la fe y la confianza de sus seleccionados, mientras que los germanos aún se despiertan lanzando patadas a discreción, recordando la batalla ante los italianos que pendió demasiado tiempo en un hilo.

Evocándose a los grandes guerreros de una y otra selección, que ya supieron ser guías para llevar casi de la mano y pierna a sus demás compañeros a la conquista en más de una ocasión de la célebre Copa, quedando grabado a fuego lento y además con moldes de oro los trabajos de los alemanes Gerd Muller en 1972, Karl Heinz Rummenigge en 1980 y Jurgen Klismann en el 96, saludando al cielo y al propio mundo con la conquista de la Eurocopa.

Y qué decir de los franceses a la manera de un Michele Platini en el 84 y de Zidane Zidan en el 2000, haciendo lo propio conquistando el divino cetro.

Venciendo el vuelo de los balones a los estallidos de las bombas, recuerdos amargos de la segunda guerra mundial, ya Paris no arde como lo decía el titulo de aquella célebre novela realizada por Larry Collins y Dominique Lapierre, solo espera impacientemente la hora del reinicio de la gran guerra, en donde lo único mortal será el perder un partido que encierra recuerdos, dignidades y grandezas nunca bañadas por la sangre.