Fue en el 2010 año del partido amistoso entre los seleccionados de México y de Islandia, faltando poco tiempo para el inicio de la copa del mundo que se verifico en Sudáfrica, ante lo cual el choque entre lo que parecía un tren azteca y un trenecito de lata islandesa, hizo pronosticar a muchos una victoria cómoda de la escuadra azteca, que nuevamente era cobijada por los paisanos radicantes en la unión americana, para ser mas precisos en Charlotte el 24 de marzo.

Pero del dicho al hecho existió un largo y confuso trecho, habiendo soportado los islandeses lo que fue una pedriza sobre su marco de manera permanente, por una linea delantera torpe e ineficaz de los mexicanos, que eran dirigidos por Javier Aguirre, hecho que hizo que el marcador no se moviese.

Por lógica el arquero del seleccionado de Islandia se transformó en el héroe, apareciendo más allá de la docena de veces a bajar la cortina cuando le llovía fuego y metralla a su marco, causando estupor y mas de un tartamudeo el pronunciar el nombre de dicho jugador, Gumiefur Gunuleifsson, a los narradores de aquel extraño encuentro.

De esa manera resultaron inútiles las llegadas de la delantera mexicana comandada en esos entonces por Pablo Vicente Vuosso, Pablo Barrera y por El Bofo Bautista, inútiles en toda la expresión de la frase para hacer llegar el balón hacia el fondo de las redes contrarias. Hoy Islandia es otro equipo de futbol.


Tomás Setién Fernández

El Mundo de Córdoba