Éxodo que ya parece definitivo de la zona del arbitraje del fútbol profesional mexicano, por parte de Edgardo Codesal, arrinconado por los ocarineros actuales, y luego de ser acusado por enésima ocasión con algo más que dedos de fuego apuntando sobre su pecho, pulmones e intelecto, presentando por fin su renuncia a su carácter de cerebro en el área técnica de los cada vez más confundidos nazarenos, por lo cual ha procedido a practicar su salida, nunca por la puerta grande, la que conduce a los moles siquiera de olla y a los banquetes, sino por la de la cocina, no provocando su paso ninguna añoranza o recuerdo amable o siquiera regularmente agradable.

Luego de que un grupo de árbitros exigió su salida apuntalados por Roberto García Orozco y amigos y asesores que le acompañan, pues el señor Codesal de cuna uruguaya, pero nacionalizado debidamente como mexicano, parece ser que ya ha cerrado un ciclo bastante largo en el propio arbitraje profesional, en donde tuvo de todo, inclusive el pitar una final de Copa del Mundo que todavía causa dolores y entripados a los aficionados argentinos, luego de que prácticamente entregó en bandeja de plata el título al seleccionado de Alemania, en Italia 90.

No pudiendo olvidar el mundo entero el penal marcado en contra del representativo argentino, sobre una fantasmal falta sobre el artillero Rudi Voeller, cuando su reloj marcaba el minuto 84.

Rondando el propio averno sobre la figura de Edgardo dentro y fuera de la cancha, inclusive habiendo recibido dentro de sus últimos tiempos dentro del arbitraje nacional algo similar a mordidas, rasguñones y uno que otro raspón, dentro de una de sus últimas visitas al estadio Luis Pirata De La Fuente, por parte del propio presidente de los Tiburones Rojos, Fidel Kuri Grajales.

Y qué nos dicen de aquel trabajo de Codesal dentro de una de las ediciones más calientes del clásico de clásico entre América y Guadalajara, la que se vivió entre golpes de todos tipos y tamaños en semifinales del torneo 82-83, despedazando a ambos conjuntos con sus decisiones terribles, provocando la eliminación de las Águilas, y a la vez mandando a las Chivas a la gran final que la perdió ante el Puebla, con más de medio equipo pintando con la tarjeta roja.

Ocho jugadores del Guadalajara, nueve del América todos expulsados, entre titulares y reservistas, dentro de una bronca épica.

Caballero y villano a la vez, hombre educado y hasta probo sin el silbato en las manos.


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