Tomás Setién Fernández

El Mundo de Orizaba


Ya llevaba colocado en el centro de su pecho el propio beso de la muerte al recibir la cornada, una real puñalada en el centro de él, por parte del tercer toro de la tarde en el coso de Teruel, España, el diestro ibérico Víctor Barrio, pudiéndose decir y redactar que aunque murió minutos después en la enfermería del coso descrito, su destino se había escrito en la propia arena, abonada por la sangre de un nuevo diestro mártir.

Tarde de drama la del final de un torero modesto, que llegó a tomar su doctorado en el ruedo un poco tarde, (su muerte llegó demasiado pronto), a los 29 años de edad, cuando poco a poco fue adquiriendo la afición y pasión necesaria como para hacerse matador de toros, luego de trocar el bastón sabio del golf por la espada toledana envuelta entre su muleta.

Feria del Ángel (exterminador) en la plaza de Teruel, cita con el infortunio, el tercer toro de la tarde de la dehesa de Los Maños ubicada en Santa Coloma provincia de Barcelona, de nombre Lorenzo de 529 kilos, lanza un derrote que hace caer al diestro Barrio, que recibe luego la cornada que le parte el pecho y le perfora el pulmón derecho, la vida se le va en el último suspiro de un aire enrarecido por el aliento de la muerte.

Fin de los sueños de Víctor, no saldrá nunca a hombros por la puerta grande de Las Ventas en Madrid, pero desde arriba con el clavel colocado sobre su pecho por Dios, constata que su cuerpo es llorado y bendecido por grandes toreros españoles, que llegan hasta el pueblo de Sepúlveda en la provincia de Segovia, a tributarle de manera respetuosa el adiós.

De esa manera se contempla dentro de un cartel imprevisto y monumental al lado de José Tomás, Enrique Ponce, Sebastián Palomo Linares (en retiro) y Julián López “El Juli”, amalgama de nombres impresionantes y triunfadores, con los cuales difícilmente hubiese podido alternar en vida.

Víctor en cambio alterna en la gloria con Francisco Rivera “Paquirri” y El “Yiyo” (José Cubero Sánchez) par de diestros convertidos en los dos últimos toreros muertos en el estricto cumplimiento de su afición y pasión vestidos de luces, teniéndose ya la terna más allá de la tierra, con el eterno olé, más allá del dolor. 


De la muerte

El astado de nombre Avispado de la ganadería de Sayalero y Bandres propinó mortal cogida al torero gaditano Francisco Rivera “Paquirri” en 1984 en el ruedo de Pozoblanco, Córdoba, España, y Burlero de la ganadería de Marcos Núñez mató al lidiador José Cubero Yiyo en 1985 en Colmenar Viejo, Madrid.


Islero

Astado de la ganadería de Miura mató a Manuel Laureano Rodríguez Sánchez “Manolete” el 28 de agosto de 1947.