Los dos toros malos del encierro de Alcurrucén impidieron a Joselito Adame cuando menos refrendar la oreja cortada hace días aquí. Voluntad, seguridad y sobre todo una responsabilizada actitud mostró el aguascalentense, quien fue silenciado en uno y oyó un aviso en su segundo.

El triunfo fue para el matador Juan del Álamo, a quien le negaron dos orejas que merecía en su primero y después de cortar un apéndice en cada uno, abrió la Puerta Grande.

Joselito Adame, de verde botella y oro vestido, lidió al segundo, un castaño de seria presencia con el que poco pudo hacer en el capote pues además de que no se entregó el viento molestó al aguascalentense.

El inicio de la faena fue de sobriedad. Joselito se sintió y mostró muy seguro. El oficio le ha dado al aguascalentense la firmeza y por ello consiguió aislados muletazos en una labor que no fue a más porque se terminó rajando. Falló Jose al matar, escuchó un aviso y lo silenciaron durante su camino a las tablas.

El quinto fue un astado con mucha movilidad y que le costó trabajo centrarse en la muleta de Adame que había lucido antes en una media Verónica.

Su faena la inicio con medios muletazos por bajo y luego trató de eslabonar tandas que tuvieron torería pero no emoción porque el toro de Alcurrucén no transmitió nada.

El público decidió no centrarse en la faena de José quien al final tuvo la dignidad para hacer el esfuerzo y matar pronto al toro en turno. Dejó una estocada que salió por el costillar Y luego tardó en matar, escuchando un aviso.


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