« A Manera de Comentario »


Cuento o realidad de hadas, para el mejor arquero del mundo, tanto dentro como fuera del ropero o del armario, el alemán Manuel Neuer, convirtiéndose en el héroe de su selección que por fin, por vez primera en su historia, venció a la bestia entre negra y azul de Italia, pasando con gruesas goteras de sudores por todo el cuerpo hacia la ronda de las semifinales, en lo que ha sido una magnífica Eurocopa, aunque el encuentro entre las dos célebres selecciones contemplado el fin de semana, a lo largo de los 90 minutos, con los agregados de los tiempos extras y los lanzamientos de penales, colocaron en seria evidencia de fracaso y decepción a más de un jugador luciendo y defendiendo tamaños colores.

Algo pescado de aquel llamado juego del siglo verificado en México 70, ni más ni menos que el mejor mundial contemplado en la historia de casi todos los tiempos, sobre todo cuando alcanzó Italia a los germanos cuando el tiempo normal agonizaba, haciendo la pertinaz aclaración de que en lel estadio Azteca en aquellas fase de semifinales, los que alcanzaron el tren, para irse luego a dramáticos tiempos extras fueron los germanos.

Juego de escasas emociones y de intensos esfuerzos físicos por parte de uno y otro bando, a lo largo de demasiados minutos de escasa espectacularidad, solo sosteniendo el cotejo los dos mejores arqueros del mundo, el ahora ya bello durmiente, despertado por la fama, Neuer, y el señorón Buffon.

Con el show robado al final por los dos arqueros ya referidos desde el punto de la fatalidad o gloria, el manchón penal, dejándoles los aspectos del ridículo a varios lanzadores de metralla, errando entre los lanzadores de los penales de una y otra selección nada menos que siete disparos a quemarropa, que marca un récord para nada célebre.

Alemania instalado ya en la fase de la antesala de la gloria, no se saldrá ni por un instante de su eterno libreto en una cancha, la de proponer los partidos atacando desde el primero hasta el postrer minuto, aunque ya sus héroes estén fatigados, mientras que Italia confundida con su sistema de contragolpe y casi nula ofensiva, retorna a casa.


Tomás Setién Fernández