Resultando una real e inesperada sorpresa el hecho de que un delantero mexicano haya anotado tres goles en un partido oficial, saludándose eso de casi igual manera que como le hubiéramos dado los correctos buenos días a un extra terrestre, bajándose de su auto sideral a las puertas del estadio Azteca, como que la despedida de Oribe Peralta, ya preparado a viajar a la próxima olimpiada como el abuelo del grupo de supuestos niños genios que lleva por delante Raúl “Potro” Gutiérrez, fue en pleno son de triunfo y de júbilo casi general, solo exceptuando de eso a los seguidores, la fiel perra brava del equipo de los Diablos Rojos del Toluca.

Sólo evocando forzando un tanto la memoria y exprimiendo los buenos recuerdos, a contados arietes aztecas viviendo jornadas de esplendor con pleno olor a dinamita, siendo uno de ellos Enrique Borja García, aquel espléndido delantero surgido de Pumas que terminase su carrera con el odiado América, que conste eso de odiado es solo para los seguidores universitarios, anotando en alguna ocasión hasta cuatro goles el que fue apodado el “Cyrano” por aquel notable cronista deportivo ya ido de este mundo Don Ángel Fernández (¡me pongo de pie!).

No fue noche de ronda, sino noche de Borja tras sus cuatro goles marcados sobre la cabaña del Cruz Azul, allá por los años sesentas, logrando sus anotaciones de diferentes maneras, tres de tiros imparables de derecha y uno rematando de testa.

Más en el hecho de tener el récord de más goles anotados en un solo partido, se puede decir y redactar que lo realizado en alguna ocasión por aquel fuera de serie artillero español Isidro Lángara nadie lo igualará, llevando al cabo siete anotaciones sobre la cabaña de un bombardeado cuadro del Marte un 19 de mayo de los años cuarentas, para beneficio y gloria de su equipo el España que terminaría haciendo puré a la defensiva rival al son de nueve tantos por dos.

Quedando a la vez en el recuerdo los cuatro goles anotados por el “Gusano” Gustavo Nápoles, en aquel juego de vuelta de la gran final del Torneo de Verano 97 entre las Chivas y los Toros Neza, en donde el rebaño salió con la corona mientras que “Tavo” era paseado en hombros.