Apagados. París dejó de ser la ciudad luz siquiera en el mundo del fútbol.

De repente se fue la brillantez en toda Francia, y sobre todo en París, ni siquiera las estrellas accionadas por Dios quisieron dotar de un poco de luminosidad a la cancha de fútbol, en donde la selección del gallito que de manera inexplicable no cantó, terminando por sucumbir contra todo tipo de pronósticos en la gran final (que no lo fue del todo) de la Eurocopa ante Portugal, que todo lo contrario iluminó al propio mundo con algo más fuerte y substancial que las luces de los mejores reflectores de la creación.

La Marsellesa calló y solo fue pronunciada con fervor antes cotejo referido, escuchándose poco a poco algo similar al Abril en Portugal, primero cantado por Cristiano Ronaldo casi derramando lágrimas al salir de la cancha abandonado la guerra allá por el minuto veinte de acción, creciendo el susurro tanto que al final ya en los tiempos extras la sin par melodía inundó toda Francia y Europa al conjuro, voz y remate de Eder, autor del único gol de la final, para dotar del primer gran tesoro a su propia selección, que solo un par de veces había olfateado la gloria a nivel de torneos que dan y quitan, primero obteniendo un tercer lugar en el mundial del 66 guiados por la pantera negra Eusebio, y luego en la Euro 2004 sucumbiendo en la finalísima ante Grecia uno por nada, mismo resultado que ahora fue de real bendición para ellos, comprobando que el destino a veces devuelve lo que cruelmente se lleva.

Otro partido de gran final que queda a deber demasiado.

Mas el seleccionado lusitano salvó el inesperado duelo, sin Ronaldo, casi cabalgando en el caballo del Cid con rodilla hecha polvo, el cuadro ahora ya campeón de Europa y casi rey del mundo en el fútbol, mostró su labor de conjunto, de ir y venir, de buscar y de no prestar el balón a una confundida y fría Francia (por Dios dónde se escondió Antoine Griezmann, díganle que su Selección perdió), casi pidiendo prestado alguno de sus volcanes a Islandia, hasta cuajar una de las sorpresas más notables no solo en la historia del balompié europeo, sino en el mundo entero.

Un algo similar a aquel Maracanazo de 1950, un algo que pulverizó los casi eternos lentes negros lusitanos, en la presencia de un rostro luminoso sin llevar las cejas planchadas y el peinado impecable de Cristiano Ronaldo.

Viva el juego de conjunto.